No
nos referimos ahora a la eutanasia de la que hablábamos ayer sino a la muerte
natural. Intentaré escandalizaros diciendo que el miedo a la muerte, al tabú, para
mí no es biológico sino cultural, no es genético sino aprendido, inducido. Más
aún, manipulado y aprovechado por el poder, sobre todo el político, y más aún
el religioso, para amedrentarnos y hacernos sumisos, que es de lo que viven
ellos. Porque, digo yo, qué más natural
que la muerte natural? Cómo puede
amedrentarnos algo que va en nuestra naturaleza
y por lo tanto debemos asumir con naturalidad?
Yo imagino que la muerte será dulce, cálida si es en invierno, fresca si es en
verano, como las fuentes de Berceo, y que no debo por tanto rechazar ese
encuentro que no procuro pero que tampoco temo.
En otras partes de este blog, vide vga. la nº 999 del 29/12/14: La eterna juventud, hemos intentado explicar la necesidad y conveniencia de la muerte. Los argumentos
son múltiples y variados. Así, porque si no muriéramos nunca
terminaríamos no cabiendo en esta Tierra,
nos faltarían recursos alimentarios,
sin cambios generacionales no podríamos desarrollarnos ni evolucionar,
la
inmortalidad la necesitamos como especie pero no como individuos (más aún,
ambas son incompatibles),
novare
aut perire, "renovarse o perecer", aunque mejor sería decir perire ut novare, porque "hay que morir
para poder regenerarse". Remedando los ciclos vegetales, en los enterramientos
humanos inhumamos los cadáveres-semillas para que la especie pueda reproducirse
en próximas primaveras.
Los dioses nos envidian porque somos
mortales. Y es sólo por ser mortales por lo que podemos vivir apasionadamente.
Los sacrificios humanos tenían como objetivo la inmortalidad (de la especie).
Siendo inmortales, sólo habría tedio y aburrimiento. Y valdría la pena vivir
sin entusiasmo? Yo me he atrevido a escribir que si en los mitos griegos Zeus
copula tanto, como un desesperado, es porque sabe que un vástago suyo acabará
con él, y el Padre de los dioses provoca afanosamente engendrarlo para ser
asesinado (sacrificado) y de este modo emular a los humanos. Porque los dioses
"inmortales" están muertos, pues son puros conceptos, sin vida,
mientras que los humanos, muriendo, la muerte nos hace inmortales (repito, como
especie).
En Delos, la isla donde nació Apolo, no
podía morir nadie. Estaba prohibido. Los muertos se enterraban extra muros,
declarando así a la muerte fuera de la ley (fuera de la ciudad). Y desde
entonces, y mucho más con las religiones monoteístas, temblamos ante ella. Negándola, nos sometimos fatalmente a ella. Pero
no siempre fue así. Por el contrario nuestros ancestros veían la muerte como
origen de la vida. Ya hemos asociado el enterramiento como un remedo del ciclo
vegetal, inhumando al cadáver-semilla para que se pueda reproducir en otros
miembros de la propia especie, como hacen las plantas todas las primaveras. Y
dado que los egipcios se mantuvieron fieles a las viejas tradiciones, no sólo celebraban
la ceremonia de la sed del faraón (muerte simulada durante unos días)
sino que concentraban su atención en los muertos, especialmente en el faraón,
quien encarnaba la representación de su pueblo, para asegurar la protección y
la reproducción de los vivos. La asociación con el mundo vegetal puede verse en
las pinturas de las tumbas de los faraones donde proliferaban toda suerte de
plantas y semillas. Osiris mismo no era una representación del trigo, él era el
mismo trigo. Por eso su tumba era un cuenco de cereales. (Sobre la evolución de
la tumba a templo podéis ver la entrada nº 686 del
16/5/13.)
En cuanto a la representación de la Muerte
con una guadaña, la alegoría nos parece correcta. Porque, dicho lo que se ha
expuesto en el párrafo anterior, se entiende su representación con el
instrumento adecuado para recoger la cosecha. Por otra parte es conocida la
relación entre Eros y Thanatos. Pues bien, confirmando esta asociación, Príapo
(el daimón Pene objeto de culto) cultiva
huertos y porta guadaña (para la
cosecha). Lo que da fe, o al menos nos enseña, que la muerte no es estéril sino
todo lo contrario, fértil y fecundadora.

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