La mentira se ha apoderado
de la verdad en la política. Ya no se trata de mentir con descaro, desparpajo y
naturalidad, lo cual es propio de comerciantes y políticos y ha ocurrido
siempre, sino de manejar la mentira como un instrumento eficaz en la campaña
electoral. E incluso después, en la misma gobernanza, también. Esto provoca un
creciente rechazo en la sociedad civil contra los políticos que han perdido
toda credibilidad.
Siendo el PP el paradigma modélico de las
mentiras burdas a granel, resalta el Aznar chulesco y mal encarado que se
distingue de un Rajoy taimado y torpe, y al intrépido y falaz Casado ni lo miento, lo que nos enseña que en este tema hay
matices y grados también.
Dice Daniel Gascón que “en la era de la posverdad la accesibilidad de la
información reduce la autoridad de quienes la manejaban Una visión
relativista, que en determinados contextos era casi una señal de sofisticación
y decoro, ha erosionado el valor de la verdad. Ciclos informativos rápidos e
incesantes permiten que no se recuerden los errores. Los cambios tecnológicos han facilitado una
transformación decisiva: durante mucho tiempo, las noticias falsas eran un
monopolio del Gobierno y los medios. Ahora hay competición. Y olvidamos que un
motivo de que circulen mentiras es que las compartimos también todos nosotros.”
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