(Eutanasia: muerte dulce; eu: limpia, bella, dulce; thánatos: muerte.)
Se trata de ayudar a morir al enfermo terminal que no tiene ya remedio para que deje de sufrir. Raquel Vidales nos informa en su reportaje El (único) médico condenado por eutanasia se somete a juicio en el
teatro, que Marcos Ariel Hourmann, único facultativo sentenciado en España
por esta práctica, se interpreta a sí mismo en un espectáculo en el que el
público debe emitir un veredicto. Esta obra de teatro recién escrita parece
inspirada en el viejo mito de Antígona: la heroína trágica que viola la ley enterrando
a su hermano. El perpetuo conflicto entre individuo y sociedad, entre las
normas de los hombres y las de la naturaleza. El protagonista se enfrenta a un
dilema similar en el transcurso de una madrugada de 2005. Un médico de guardia
al que los familiares de una paciente terminal de 82 años ruegan que acorte su
sufrimiento. Que le ahorre dolor y una muerte segura por asfixia. El doctor,
como Antígona, no solo lo hace sino que además deja constancia de ello en el
certificado de defunción. Y también como Antígona, será condenado por la
justicia de los hombres.
El espectáculo documental se estrenó en la última semana de marzo pasado en el Teatro del Barrio de Madrid con el título “Celebraré mi
muerte”, producida por Alberto San Juan, Víctor Morilla y Jordi Evole.
En
2009, tras llegar a un pacto para no ser inhabilitado profesionalmente, fue
sentenciado a un año de cárcel. No hubo juicio y por eso ahora lo recrea en un
escenario: para que los espectadores lo juzguen y emitan su veredicto. No con
el Código Penal en la mano, sino desde su conciencia, o su leal saber y entender.
“Las encuestas nos muestran que el 80% de los ciudadanos están a favor de legalizar la eutanasia. ¿Por qué no podemos hablar de ello en los foros públicos? ¿Por qué es el gran tabú?", pregunta Hourmann, que se ha convertido en una figura de referencia en España para los colectivos que reivindican la eutanasia.
A la pregunta “¿volvería a hacerlo?” responde sobriamente: "No. Si hubiera sabido lo que me esperaba, no lo habría hecho".
“Las encuestas nos muestran que el 80% de los ciudadanos están a favor de legalizar la eutanasia. ¿Por qué no podemos hablar de ello en los foros públicos? ¿Por qué es el gran tabú?", pregunta Hourmann, que se ha convertido en una figura de referencia en España para los colectivos que reivindican la eutanasia.
A la pregunta “¿volvería a hacerlo?” responde sobriamente: "No. Si hubiera sabido lo que me esperaba, no lo habría hecho".
Mis ocurrencias:
El tabú de la muerte continúa con el de los muertos. Es sagrado
todo lo que tiene que ver con la muerte. Lo sagrado, tabuado, de este tema nos
impide acercarnos a él con la debida racionalidad.
Los familiares que sobreviven
al difunto sufren remordimientos por los daños infringidos en su vida o el
cariño que no les supieron dar. Por eso de
mortuis nihil nisi bene, dice el adagio latino, a los muertos no se les
puede atribuir nada malo, de ellos sólo cabe hablar bien, no sea que su
espíritu se enfade con nosotros y se vengue.
Esos remordimientos
que Freud atribuye a nuestras ambivalencias afectivas trazan un camino que nos
lleva al invento de dios, pero esa es otra historia, compleja, que tendremos
que dejar para otro día. Por ahora nos basta con saber que el rechazo a tratar
de este tema es sólo fruto de un miedo inconsciente que no dice mucho en favor
de nuestra madurez.
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