En mi
pueblo todos nacen pequeños. Se hacen grandes después.
Sólo quien ignore la historia de la UE puede despreciar el logro de un primer presupuesto europeo por la timidez inicial de su tamaño. Ni los Fondos Estructurales y de Cohesión (que hoy suponen cerca del 40% del presupuesto de los 28), ni el Fondo para Inversiones Estratégicas (Plan Juncker), ni el fondo de rescate empezaron con dotaciones enormes, sino discretas, que después se fueron ampliando.
Sólo quien ignore la historia de la UE puede despreciar el logro de un primer presupuesto europeo por la timidez inicial de su tamaño. Ni los Fondos Estructurales y de Cohesión (que hoy suponen cerca del 40% del presupuesto de los 28), ni el Fondo para Inversiones Estratégicas (Plan Juncker), ni el fondo de rescate empezaron con dotaciones enormes, sino discretas, que después se fueron ampliando.
Así
pues, no importa que el primer “presupuesto europeo para la zona Euro” sea tan
sólo de 17.000 millones, ya crecerá luego. Lo importante es haber roto la
resistencia de los dos halcones europeos, los alemanes y los holandeses. El
nuevo presupuesto, que será de aplicación para los 19 países miembros del Euro,
nace como instrumento anticíclico para combatir las próximas crisis, y es
redistributivo, pues los países de menor renta gozarán de ciertas preferencias.
Además, los nuevos proyectos los gestionará la Comisión en lugar del Consejo.
Será plurianual, desde el 2021 al 2027.
Por ese
agujero se colarán irremediablemente, eso esperamos, nuevas políticas de
inversiones, conciliadoras y redistributivas que reemplacen a las neoliberales
y austéricas de rigor preupuestario que tanto daño han hecho a los países del
Mediterráneo, sobre todo a Grecia.
El
comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, simuló quejarse de que
apenas se haya colocado la primera piedra del edificio. “Francamente, no es el
presupuesto de la zona euro con el que soñaba. Es un instrumento todavía
modesto. Pero damos un primer paso útil que no debe ser el último”. Moscovici
insistió en que un auténtico presupuesto debe ir encaminado a “reducir las
desigualdades y tener una verdadera función de estabilización".
La
políticas de igualdad (económico-social) han sido sustituidas por políticas de identidad (nacionalismos) que por
operar en el dominio simbólico, resultan más baratas (el coste de las banderas). Urge regresar de las
posturas abstractas que permiten despistarse por los cerros de Ubeda (las
banderas, los nacionalismos, el mercado…) para centrarse en los problemas de la
gente de la calle, en sus tres vertientes principales: sanitaria, educacional y
asistencial, así como en la igualdad, de género y económico-social. Amén.


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