viernes, 9 de agosto de 2019

1899 (V 9/8/19) Halitosis

   Algo huele a podrido en el Congreso, y no precisamente en Dinamarca.
      Corría por internet un gag en video de un gato que decía: cabrón, hijo de puta, la leche que t‘an dao, chorizo, corrupto, oportunista, pesetero, trasnochao, hijo de mala madre, zopenco, analfabeto, farsante, maricón… y me acerqué a donde salían las voces: y era simplemente que estaban pasando lista en el Congreso.
   Es verdad que nuestro Parlamento se ha convertido en un mercado de verduleras donde sólo se habla a gritos y con insultos, hasta el punto de que han tenido que arbitrar un sistema de aseo con jabones y desinfectantes, cuando acaban las sesiones, para limpiar los olores que de otro modo permanecerían en el ambiente.
       Las palabras malsonantes contaminan el hemiciclo ensuciando, en un proceso de feed-back retroalimentario, las cuerdas bucales de los parlamentarios que de este modo más que palabras escupen flatos que apestan incluso fuera del edificio, lo que ha provocado varias denuncias de mendigos que duermen por la zona y se han quejado, con razón, de no poder dormir debido a la pestilencia del ambiente, en 500 mts a la redonda.
En un alarde de iniciativa psicológica, el inconsciente de los cuatro principales partidos les ha llevado a nombrar portavoces a féminas para ver si de este modo se corrigen los malos modos y olores en el hablar de los diputados cuando se trata de machos alfa.
  La Mesa del Congreso podría habilitar un servicio médico permanente para aliviar de  sus halitosis las bocas de nuestros próceres. En sus escaños se les proveería de un frasco de Perio-Aid y otros enjuagues bucales, junto con unas escupideras, monísimas, del color de su partido, para que puedan aliviarse, porque se han dado casos de mareos, algunos con taquicardia, que ponen en peligro la salud de nuestros ilustres representantes.

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