domingo, 7 de abril de 2019

1777 (D 7/4/19) Diagnósticos standards y a granel

Estoy harto de repetir que no hay enfermedades sino enfermos. No es de recibo, a estas alturas, que todavía la medicina se ejerza aplicando esquemas generales a los enfermos (la aspirina para todo y para todos) sin tener en cuenta las circunstancias personales que hacen que cada paciente necesite un tratamiento individual, y por lo tanto distinto. Por no hablar del aspecto emocional que tanto influye en lo somático. Recuerdo una lectura de antropología en que un nativo americano se sorprendía de que en los EE.UU los enfermos fueran aislados en los hospitales cuando para ellos lo primordial es la compañía de un familiar.
     Y ahora -nunca es buena si la dicha es tarde- se dan cuenta de repente de la necesidad de personalizar la medicina. Leo que “Andalucía y Cataluña lideran la aplicación de la medicina personalizada”, lo que indica que las demás Comunidades se han quedado atrás. (Aunque mucho me temo que por medicina personalizada debamos entender que se trata de dar importancia a los genes para el diagnóstico y tratamiento del cáncer. Y poco más. Por ahora.)
     Tengo para mí que las enfermedades, muchas de ellas, se curan solas. En tales casos, los medicamentos son inútiles cuando no directamente perjudiciales, por sus contraindicaciones y efectos secundarios. Y si curan, como ocurre con los antibióticos y las infecciones, entonces puede ser todavía peor pues lo hacen a costa de inhibir las defensas naturales. Yo he llegado a preguntarme si el cáncer no será un efecto perverso de los antibióticos que nos dejan indefensos ante las enfermedades. Es en ese sentido que el sentido común de la plebe acierta cuando llama a los médicos “matasanos”.
     Porque ninguno estamos sanos ni tampoco enfermos. La enfermedad y la sanidad son dos extremos en medio de los cuales nos defendemos como podemos. En esa permanente batalla creamos anticuerpos que nos hacen más fuertes incluso para ataques nuevos.
    La enfermedad es el campo de batalla (permanente) entre agentes mórbidos y las defensas naturales. Estas pueden y deben fortalecerse por todos los medios –incluso psicológicos, con ilusión, optimismo y alegría- por lo que hay que evitar las ayudas exteriores que las debiliten. Cuando un proceso mórbido sale adelante por sí mismo (casi todos) solemos asociar injustamente el éxito sanitario con la medicación aplicada, lo que refuerza el sistema de la farmacoterapia.

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