Estoy harto de repetir que no hay enfermedades sino enfermos. No
es de recibo, a estas alturas, que todavía la medicina se ejerza aplicando
esquemas generales a los enfermos (la aspirina para todo y para todos) sin tener en cuenta las circunstancias personales
que hacen que cada paciente necesite un tratamiento individual, y por lo tanto
distinto. Por no hablar del aspecto emocional que tanto influye en lo somático.
Recuerdo una lectura de antropología en que un nativo americano se sorprendía
de que en los EE.UU los enfermos fueran aislados en los hospitales cuando para
ellos lo primordial es la compañía de un familiar.
Y ahora -nunca es
buena si la dicha es tarde- se dan cuenta de repente de la necesidad de
personalizar la medicina. Leo que “Andalucía y Cataluña lideran la aplicación de la
medicina personalizada”, lo que indica que las demás Comunidades se han quedado
atrás. (Aunque mucho me temo que por medicina personalizada debamos entender que se trata de dar importancia a los genes para el diagnóstico y tratamiento del cáncer. Y poco más. Por ahora.)
Tengo para mí que las
enfermedades, muchas de ellas, se curan solas. En tales casos, los medicamentos
son inútiles cuando no directamente perjudiciales, por sus contraindicaciones y
efectos secundarios. Y si curan, como ocurre con los antibióticos y las
infecciones, entonces puede ser todavía peor pues lo hacen a costa de inhibir
las defensas naturales. Yo he llegado a preguntarme si el cáncer no será un
efecto perverso de los antibióticos que nos dejan indefensos ante las
enfermedades. Es en ese sentido que el sentido común de la plebe acierta cuando
llama a los médicos “matasanos”.
La enfermedad es
el campo de batalla (permanente) entre agentes mórbidos y las defensas
naturales. Estas pueden y deben fortalecerse por todos los medios –incluso psicológicos,
con ilusión, optimismo y alegría- por lo que hay que evitar las ayudas exteriores
que las debiliten. Cuando un proceso mórbido sale adelante por sí mismo (casi todos)
solemos asociar injustamente el éxito sanitario con la medicación aplicada, lo
que refuerza el sistema de la farmacoterapia.

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