Un tema central de la economía, de
cualquier economía, es el de “la división del trabajo”. Aparte de que el asunto lo tocara ya Platón, el que acuñó este término fue Adam Smith para quien la
especialización en las distintas fases de una tarea común conlleva una mayor
habilidad y destreza en quien lo practica, aumenta considerablemente la
productividad por el ahorro de tiempo en el proceso de producción y fomenta la
invención de nuevas máquinas y tecnología. Smith calculó que la fabricación de
alfileres por un solo operario no podría pasar de 100 al día mientras que
dividiendo ese proceso en las fases convenientes podría fabricar hasta 10.000. Y
ahí están las abejas, las hormigas…
PARTE I, mi apreciación del tema “la división del trabajo”
Superando la etapa en que cada uno producíamos lo que necesitábamos, al
especializarnos en distintas tareas pudimos disfrutar de muchas más cosas en mayores
cantidades (y de mejor calidad también), y así el flautista podía alegrar los
oídos del agricultor que aumentaría su cosecha con la máquina que otro vecino
inventó, etc.etc. Por no hablar de los roles sociales que la especialización
trajo consigo. El tema sedujo a autores como Spencer, Taylor…, en otra línea a
Marx, David Ricardo… y en su aplicación práctica a Ford que en la fabricación
de sus coches utilizó la producción en gran escala que Chaplin parodiaría en
Tiempos Modernos, donde el operario que sólo aprieta tornillos con la llave
inglesa al salir de la fábrica sigue apretando botones en la chaqueta del
primero que se encuentra.
Para evitar rebeldías, Skinner (1904/1990), el padre de la teoría
conductista, con la intención de poner contento al personal, desarrolló en su
ficción Walden II una teoría sobre la
felicidad de los trabajadores manipulando su psicología. No culminó su teoría
ensayando sus hipótesis sobre cobayas humanas, como le hubiera gustado. Huxley
lo remató.
Bueno, al grano. Lo que me interesa aquí del tema es constatar que la
eficacia se incrementa al aumentar la estupidez y que el operario mejora su trabajo cuanto menos se
lo cuestiona, con el embrutecimiento consiguiente, por lo que los gobernantes,
religiosos y empresarios, recelan de cualquier intento de autocrítica que
permitiera al susodicho plantearse qué diablos hace y qué consigue, fuera del
salario de supervivencia, en su rutina diaria.
Más aún, esos mismos gobernantes, religiosos y empresarios, han tenido
siempre el máximo interés en que la clase indigente se componga de familias
numerosas, que les proveerán de súbditos (con sus impuestos), fieles
(proselitismo vegetativo) y mano de obra (tanto más barata cuanto mayor sea la
demanda de trabajo) que serán tanto productores como consumidores.
Pero…
Parte
II, versión de Tim Flannery sobre el mismo tema
…el estrangulamiento excesivo, estrujando al personal más allá del
límite soportable, puede resultar peligroso. Porque los que menos tienen, menos
tienen que perder y de ahí la proporcionalidad directa entre indigencia y
delincuencia. El anciano, el enfermo terminal, el indigente, tienen más interés
en la satisfacción inmediata que en otra recompensa mayor pero diferida en un
tiempo del que ya no se fían, prefieren el corto al largo plazo. De ahí que los
embarazos aumenten en tiempos de guerra, Eros
y Thánatos, por el acicate del peligro. Pues a medida que disminuyen
nuestras perspectivas aumenta el poder de nuestros genes egoístas sobre los
memes culturales.
Hale, a pensar. Ahí queda eso.


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