
No tienes trabajo? muévete; sueñas con aventuras? muévete; estás
triste? muévete; no ligas? muévete; que para qué sirve moverse? No lo sé, pero
tú muévete.
Recuerdo una costumbre
singular canadiense, o al menos de Quebec, que es moverse, mudarse de vivienda, todo dios el mismo
día: el 1 de julio, según parece y leo en la prensa, aunque yo creía recordar esa
efeméride en abril(*), de cuando viví allí, en Montreal, durante dos años de estudios
de postgrado (en McGill University).
En ese Jour du Déménagement
las mudanzas cada año, según cifras oficiales, son más de 200.000 de las cuales
70.000 en Montreal (la segunda ciudad con más francoparlantes, después de París). Al concentrarse la demanda de transporte en esas
fechas, los precios de este servicio se duplican, y hasta triplican, en ese Día de
la Mudanza. La tradición exige invitar a pizza y cerveza a los que te ayudan a
trasladar los paquetes al camión y de éste a la nueva vivienda. Así que el 1 de julio los negocios de comida a
domicilio trabajan sin respiro; en los supermercados los clientes hacen filas
para adquirir el mismo producto: cajas de botellas rubias u oscuras; las compañías
de telefonía, cable e internet gestionan miles de cambios de domicilio, lo
mismo que Hydro-Quebec, la compañía pública de electricidad; la basura se
acumula por montones; los organismos comunitarios ofrecen sitios de acogida
temporales, y los casos de abandono de mascotas se triplican ese día.
Desde siempre nos ha gustado movernos y por eso nos han excitado los viajes a larga distancia. Porque no éramos
plantas arraigadas, sin movilidad, porque podíamos movernos y nos movíamos, porque queríamos explorar nuevos paisajes y conocer otras gentes, por todo eso salimos de Africa y llegamos a la Patagonia
pasando por el Tibet y el estrecho de Bering. El carpe diem (agarra el momento) de
Horacio lo modificó Ovidio con en el carpe
viam (elige el camino), según Jorge Javier Rueda.
Y como el planeta Tierra se nos quedaba pequeño para movernos, tuvimos que hollar la Luna. Americano tuvo que ser. Porque los americanos tienen un sentido del movimiento en el espacio que no cabe en nuestras mentes europeas. Supongo que les viene de los inmensos territorios
vacíos del Oeste que tuvieron que repoblar para llegar a ser lo que son hoy. Un
ejemplo: un compañero de clase, norteamericano, Langhorne Bond, nos animó a
tomar una cerveza en “su casa”, así, sobre la marcha. Di por supuesto que su
casa estaba a unos metros de la Universidad, y junto con dos más fuimos los
cuatro a “su casa”. Más de diez horas de coche, 926 km (575 millas), son las
que hay de Montreal (Canadá) a Charlottesville (Virginia), con multa de tráfico
incluida por exceso de velocidad cuando llegábamos de madrugada a “su casa”.
Así que…, lo dicho:
no tienes trabajo? muévete; sueñas con aventuras? muévete; estás triste? muévete;
no ligas? muévete; que para qué sirve moverse? no lo sé, pero tú, por si acaso,
muévete.
E pur, si muove.
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(*) Parece ser que, en efecto era en abril (o el 1 de mayo), pero
que el Parlamento quebequois en 1975 lo
cambió al 1 de julio por razones escolares.
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