martes, 9 de julio de 2019

1869 (M 9/7/19) Nuevos valores del siglo XXI

Tras los recientes y brutales atentados terroristas del 2001 nos introdujimos en una época en la que regresaron la tortura institucionalizada, el espionaje gubernamental, el control exacerbado y la limitación de libertades, incluida la de expresión. De todos los traumas que hemos vivido en este cambio de siglo el más sintomático es el del modelo de mercado. La transgresión de los códigos laborales, la frenopatía financiera y la llegada incontrolable de las nuevas tecnologías a nuestro entorno tradicional son los hitos que han reescrito la forma de vivir contemporánea. A ello hay que añadir el triunfo del comunismo político chino aliado al capitalismo económico que significó el arranque del siglo XXI.
    Porque, según David Trueba, “lo que nos caracteriza es el poderío sin precedentes del dinero sobre todas las demás facetas de la vida. La crisis financiera no trajo una corrección del sistema, sino la sumisión completa de los agentes políticos y sociales bajo un poder que los superaba, los dominaba y los ha terminado por acomplejar de manera miserable. La llegada de los populismos autoritarios es tan solo la copia democrática del milagro chino. Caminando hacia atrás es posible que veamos dictaduras personalistas elegidas en las urnas pues entre los factores económicos de más peso se han destacado la estabilidad, el autoritarismo regulatorio y la exacerbación nacionalista. Tres virtudes que siempre encarnarán con mayor tino las dictaduras que los regímenes libres. Para empezar, ahora ya no se puede llamar dictadura a quien posee músculo económico y marca tecnológica propia.”

Los franceses y alemanes nos ganan en experiencia y eso redunda en nombramientos de cargos en la UE que no representan la mayoría social. En el terreno político la fragmentación de los resultados electorales de los partidos impide mayorías absolutas y requiere de pactos que no saben negociar. Trapicheos, chalaneos, trileros, timos…, cuando se trata de políticos los llaman “pactos”.

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