Los nuevos gobernantes del Ayuntamiento de
Madrid eliminaron la Oficina de la Memoria Histórica por remover situaciones
pasadas que hoy ya son inconvenientes, eso dicen, y porque además era
"sectaria" al poner el énfasis en las víctimas del bando
antifranquista. Edurne Portela en su columna Les importan un carajo nos lo explica: "Se les olvida que las víctimas del bando franquista tuvieron 40 años de
conmemoraciones, condecoraciones, reparaciones a sus familiares, prebendas y
privilegios. Mientras que las víctimas en las que se enfocó la
oficina del Ayuntamiento de Carmena eran aquellas que no han tenido apoyos
institucionales, ni justicia, ni verdad, ni reparación. Las iniciativas de
Memoria repercutían en familias que han sufrido durante 80 años sin
reconocimiento (algunas ni siquiera han recuperado el cuerpo de su familiar
para enterrarlo dignamente) y a personas afectadas directamente por la
represión tardofranquista (recordemos la tortura sistemática en las cárceles y
centros de detención como la Dirección General de Seguridad). Se pretendía
establecer procesos reparadores y restauradores que centraran su actividad
en escuchar a las víctimas, atender a los familiares de las ya desaparecidas y
honrar su memoria. Nada más. Pero parece ser que esto era sectario y demasiado
para los políticos que sólo celebran la memoria de las “glorias” de España (su
gloria, nuestra vergüenza), que se ríen de los familiares de las más de cien
mil víctimas abandonadas en las cunetas de España, que exaltan a fascistas como
Primo de Rivera y que se niegan a acabar con los símbolos franquistas. Que no
se inventen acusaciones absurdas. Que digan claramente que las víctimas les
importan un carajo, salvo que las puedan usar para sus réditos políticos."
Ante el clamor general, doméstico e
internacional, que han provocado contra tamaña estupidez, retrocediendo de una
ciudad descontaminada a otra que recupere la polución insoportable que la anterior
alcaldesa Carmena solucionó mediante un "Madrid Central" con tráfico controlado, ante la repulsa general balbucean y tartamudean para intentar
explicarlo de la manera más absurda, “nunca con la intención de derogarlo
sino tan sólo de mejorarlo y hacerlo más inclusivo” (¡?!), pero sólo para
demonizar cualquier éxito de su rival político. Serán bestias y tarados?

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