martes, 8 de octubre de 2013

828 (M 8/10/13) Los Presupuestos de la recuperación

Manda huevos, vaya desfachatez. De la recuperación, sí, claro… De la recuperación de los sobre-sueldos y privilegios de los políticos que se ven incrementados al tiempo que se recortan 1.000 millones a los servicios asistenciales de los dependientes que así podrán morir antes, matando varios pájaros de un tiro, pues con ellos se financian los aumentos del número de asesores, del parque de coches oficiales, de la financiación de los partidos (campañas para las europeas, ya se sabe, que no está el horno para bollos ni para “donaciones”…) Y que se mueran los feos, digo los viejos.
            Lo que permite al ministro Montoro proclamar que estos presupuestos asombrarán al mundo entero, y a Rajoy desde Japón que ha llegado la hora del Gran Salto en el crecimiento económico de España.
            Cuando la realidad es que al paro seguirá igual o peor que como está, que la demanda interna no podrá tirar de la economía por falta de recursos en una población cada día más empobrecida, que la reforma laboral provocará una explotación de la masa laboral digna del siglo XIX, que la sanidad y la educación se irá haciendo elitista, que la desigualdad económica y social resultará insoportable y será un lastre para el desarrollo económico y la cohesión social…
            Pero no importa. Ellos lo resolverán llamando al pan vino y al vino pan, inventando cada día nuevos eufemismos para negar la realidad (así se entiende que aumenten el número de asesores-guionistas de los mantras oficiales), sacando pecho en plan chuleta y recortando los derechos que hagan falta hasta dejar reducida al silencio cualquier crítica u oposición.
            Comenta Xavier Vidal Folch que para vender estos presupuestos como los de la recuperación, el Gobierno introduce tres efectos distorsionadores: un efecto fantasía al insistir en la falacia de que no habrá necesidad de subir los impuestos, cuando en realidad se prorrogan los aumentos del IVA, IRPF, IBI y Sociedades, y es incoherente presupuestar un incremento de ingresos fiscales de un 2,6% cuando al mismo tiempo se prevé un crecimiento de la economía de tan sólo un 0,7%; un falso alivio, previendo el crecimiento del 0,7% contra otros organismos que creen que será un 1%, porque así si es un 1% la sensación de mejora se dará y si es menor del 1%, el Gobierno habrá acertado, con lo que siempre ganará (de lo que podrá alardear), y un efecto escaparate, como cuando aseguran que incrementan las pensiones un 0,25 aunque el poder adquisitivo se reduzca un 1,25 (si el IPC fuera un 1,5%) o cuando suben la partida de I+D, cuando el incremento lo es en el área militar reduciéndose a la mitad en la científica civil. Bueno, pues ahí queda.
            La mentira a tumba abierta, sin reservas ni complejos, se la han creído ellos mismos. Lo que les ha inyectado en vena una paranoia esquizofrénica galopante. Y así, la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría, emulando al profeta Juan Bautista, proclama a su Presidente, Rajoy, como el “que llegó para salvar a España”. Rajoy, a su vez, se expresaba en su discurso en Fukushima diciendo sin reparo que los recelos contra la nuclear japonesa son temores infundados: “y espero que mi presencia aquí contribuya a disipar estos temores”, al mismo tiempo que los noticieros nipones alertaban de una nueva fuga de agua radiactiva. Mira que tiene mala suerte este hombre. Pero la desfachatez llega a supina cuando Montoro manifiesta que estos “presupuestos de la recuperación” van a asombrar al mundo. Quillo, qué arte!

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