Manda
huevos, vaya desfachatez. De la recuperación, sí, claro… De la recuperación de
los sobre-sueldos y privilegios de los políticos que se ven incrementados al
tiempo que se recortan 1.000 millones a los servicios asistenciales de los
dependientes que así podrán morir antes, matando varios pájaros de un tiro,
pues con ellos se financian los aumentos del número de asesores, del parque de
coches oficiales, de la financiación de los partidos (campañas para las europeas,
ya se sabe, que no está el horno para bollos ni para “donaciones”…) Y que se
mueran los feos, digo los viejos.
Lo que permite al ministro Montoro
proclamar que estos presupuestos asombrarán al mundo entero, y a Rajoy desde
Japón que ha llegado la hora del Gran Salto en el crecimiento económico de
España.
Cuando la realidad es que al paro
seguirá igual o peor que como está, que la demanda interna no podrá tirar de la
economía por falta de recursos en una población cada día más empobrecida, que
la reforma laboral provocará una explotación de la masa laboral digna del siglo
XIX, que la sanidad y la educación se irá haciendo elitista, que la desigualdad
económica y social resultará insoportable y será un lastre para el desarrollo
económico y la cohesión social…
Pero no importa. Ellos lo resolverán
llamando al pan vino y al vino pan, inventando cada día nuevos eufemismos para
negar la realidad (así se entiende que aumenten el número de asesores-guionistas
de los mantras oficiales), sacando pecho en plan chuleta y recortando los
derechos que hagan falta hasta dejar reducida al silencio cualquier crítica u
oposición.
Comenta Xavier Vidal Folch que para
vender estos presupuestos como los de la recuperación, el Gobierno introduce
tres efectos distorsionadores: un efecto fantasía
al insistir en la falacia de que no habrá necesidad de subir los impuestos,
cuando en realidad se prorrogan los aumentos del IVA, IRPF, IBI y Sociedades, y
es incoherente presupuestar un incremento de ingresos fiscales de un 2,6% cuando
al mismo tiempo se prevé un crecimiento de la economía de tan sólo un 0,7%; un falso alivio, previendo el crecimiento
del 0,7% contra otros organismos que creen que será un 1%, porque así si es un
1% la sensación de mejora se dará y si es menor del 1%, el Gobierno habrá acertado,
con lo que siempre ganará (de lo que podrá alardear), y un efecto escaparate, como cuando aseguran que incrementan las
pensiones un 0,25 aunque el poder adquisitivo se reduzca un 1,25 (si el IPC
fuera un 1,5%) o cuando suben la partida de I+D, cuando el incremento lo es en
el área militar reduciéndose a la mitad en la científica civil. Bueno, pues ahí
queda.

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