La
política del PP, como de cualquier otro partido que llegue al Gobierno, es
mantener su sillón a toda costa. Hasta ahí, todo “normal”. Ese es su objetivo
real por más que se diga que su política será la recuperación económica y el crecimiento del empleo. Sean cuales
fueren los resultados de su política económica, lo celebrarán como un éxito
efecto de sus medidas y reformas.
En cuanto a la recuperación
económica, se tratará de declararla por más que sea mentira y darla por
conseguida aunque no sea real. Una recuperación “pretendida”, aunque sea falsa,
puede tener un efecto de sedante, ilusionante, que la puede hacer real. O al
menos creíble. Sus resultados serán maravillosos (por horribles, nefastos y
crueles que sean) porque así lo proclamarán sus portavoces, lo repetirán como
loros sus ministros y economistas, lo amplificarán sus medios serviles, y así
lo cantarán sus trovadores.
Técnicos capaces y políticos de buena fe no les faltan.
De su rigor científico da fe el mismo Presidente que supo definir en el año
2002 (ya prometía…) el desastre de la marea negra del petrolero Prestige en la Costa da Morte gallega
como “simples hilillos de plastilina”, invocó a su hermano astrónomo para
atacar las hipótesis científicas sobre el calentamiento global o declara estos
días en Japón que la central nuclear de Fukushima ya no plantea ningún problema
al mismo tiempo que (al mismo tiempo…!) los noticieros nipones informaban de
una nueva fuga de agua radiactiva en dicha nuclear. Y es que como este
científico nuestro, hay pocos. No lo merecemos.
Su interpretación de la realidad es patológicamente
subjetiva. Un ejemplo reciente: si prevén una mejora de una décima en el porcentaje
del paro, lo celebrarán a grito pelado como un éxito rotundo; pero si se les cuestiona
la bajada de las pensiones, y ahí sí que duele, el ministro Montoro replicará
que “como mucho serán unas pocas décimas, y qué son unas décimas”?
Pero sobre todo la política de este bendito gobierno del
PP se basa en la mentira permanente, venga o no a cuento, aunque se les
revuelva contra ellos. Y así, declararán por decreto que han regulado el
mercado financiero; han conseguido una sociedad igualitaria (dentro de lo que
cabe); han actuado siempre en interés del pueblo; han promovido la movilidad
social (entre las clases) mediante una meritocracia (gobierno por los más
capaces) donde no cabe el nepotismo con familiares y amigos ni el clientelismo
político que beneficia sólo a los que aportan votos; han hecho eficaz un
sistema sanitario y educativo sostenibles; han mejorado y racionalizado la
gestión de los servicios públicos (los pocos que queden? o los privatizados?);
han disciplinado la investigación y las Universidades; han acomodado las leyes
a los sentimientos de siempre de nuestra sociedad (adoctrinamiento); han
apoyado una televisión pública de calidad independiente, y han prestado una
atención particular a los débiles y discapacitados…,
…cuando en realidad habrán dejado a los inversores financieros
que campen a su aire; habrán producido una brecha insalvable en el tema de la
desigualdad económica y social, con la consiguiente quiebra de la necesaria
cohesión social; habrán actuado siempre, siempre, en interés de su partido y
nunca buscando el interés general; habrán saqueado los servicios públicos, en
especial la sanidad pública y una educación adoctrinada; habrán blindado las clases
extractivas (elites depredadoras) mediante una amigocracia y un nepotismo con
familiares y amigos así como un clientelismo político, beneficiando sólo a los
que aportan votos; habrán seguido los avisos y consejos recibidos en los
confesionarios; habrán adormecido hasta dejarlos exangües a los medios y a la
televisión, y se habrán ensañado con los débiles, los pobres y los más
necesitados.
El otro objetivo es el crecimiento del empleo, perdón, del decrecimiento del número de
parados (que no es lo mismo!), pero este tema merece una entrada aparte. Lo
veremos mañana.


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