jueves, 26 de septiembre de 2013

816 (J 26/9/13) Burbujas


Primero fue la burbuja inmobiliaria (efecto de la ley de Aznar liberando el suelo), luego la financiera (efecto de la corrupción política de las Cajas), ahora las autopistas: Siete han entrado ya en concurso de acreedores (pronto les seguirán dos más). Todas ellas fueron realizadas durante el gobierno de Aznar. (Lo siento, no es empecinamiento, son datos, puros datos, que queremos comentar: )
       Que sobredimensionaran la construcción desenfrenada por encima de sus posibilidades es imputable a ellos (políticos, empresas constructoras, bancos financiadores…), y no a los ciudadanos de a pie que difícilmente podían idear ni financiar las obras faraónicas que a los prebostes les gustaba inaugurar.
       Que se inflara la burbuja financiera endosándose entre ellos hipotecas basuras, financiando faustos faraónicos, estafando a sus decenas de miles de clientes sus ahorros con los bonos “preferentes” y otras gaitas, como en Galicia, y malgastando los recursos de las Cajas en financiaciones ilegales y expolios de sus fondos (los casos más virulentos fueron  los gobiernos de Madrid y Valencia, de Aguirre y de Camps, los dos del PP) sustituyendo a gerentes profesionales por secuaces políticos corrompidos sin profesionalidad, o sea por encima de sus posibilidades, es imputable a ellos (políticos, empresas constructoras, bancos financiadores…), y no a los ciudadanos de a pie que difícilmente podían idear ni financiar las obras faraónicas que a los prebostes les gustaba inaugurar.
Que se construyeran autopistas gigantescas totalmente innecesarias, inflando las previsiones de tráfico (tres veces superiores al tráfico real) para justificar un movimiento de fondos que se repartirían entre ellos, políticos y constructores, a fin de enriquecerse personalmente con las comisiones (cohecho) y financiar ilegalmente a sus partidos, sí que tenía sentido, pero no para el tráfico rodante sino para que rodara el dinero que se habrían de repartir. Qué importa que ahora haya que nacionalizarlas? (4.000 millones del ala, sólo para empezar, más lo que cueste su mantenimiento para nada), que sus pérdidas las tengan que cubrir ahora con impuestos de los ciudadanos, los que no tienen posibilidades? El objetivo de las obras no era que sirvieran para algo sino para poder formalizar expedientes de gastos que en gran parte fueron a sus bolsillos. Y esos gastos fastuosos, de nuevo, por encima de nuestras posibilidades (y necesidades), eran imputables a ellos (políticos, empresas constructoras, bancos financiadores…) y no a los ciudadanos de a pie que difícilmente podían idear ni financiar las obras faraónicas que a los prebostes les gustaba inaugurar.
       Pero que encima, como suelen hacer con todo, estos cabrones atribuyan las culpas al pueblo, a la masa laboral, por “gastar por encima de sus posibilidades”, manda huevos, es algo que se lo tendríamos que hacer tragar.

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