Nos
referimos a la creciente desigualdad que no sólo es injusta socialmente
sino perjudicial económicamente y moralmente inaceptable al reprimir la movilidad
social, imponiendo el nepotismo y la amigocracia por encima de la meritocracia
(atribución de funciones y responsabilidades según demostradas capacidades,
obtenidas mediante el estudio y el esfuerzo personal).
Cuando hablamos de igualdad no somos tan
ingenuos como para hacerlo en término absolutos. La desigualdad es tan inevitable
como necesaria. Lo que propugnamos y exigimos es la igualdad de oportunidades. Por
difícil que sea, ya que los hijos de los más afortunados y poderosos gozan de
medios y recursos que los pobres no disfrutan.
La desigualdad es perversa y llega a un
límite, o momento, en que se vuelve destructiva para la economía en general, al
reducir la capacidad de consumo de la mayoría. “El 95% de los ingresos de la
recuperación económica en USA desde 2009 han ido a parar al privilegiado grupo del
1% más afortunado, nos informa Krugman. De dónde provienen estos ingresos? Pues
principalmente del sector financiero que los contribuyentes tuvieron que
rescatar para que no se hundiera toda la economía. La creciente concentración de
rentas añade aún otro mal: que socava los valores que definen a la sociedad.
Los privilegios heredados están desplazando a la igualdad de oportunidades. El
candidato a alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, se propone financiar una
educación pre-escolar universal con cargo a un tributo que grave las rentas
superiores a un millónde $USA.” Ya le han tachado de populista. Podéis imaginar
quiénes.
Ya Galbraith en los años 60 y Ruiz Soroa más
recientemente supieron ver que la riqueza no conecta ya con los propietarios (accionistas) sino con los gestores de las grandes empresas. Gestores que en la práctica vemos que actúan más por sus
intereses personales que por los generales, ni siquiera los de sus representados.
Esta elite managerial conecta con la
elite político-burocrática organizándose así con eficacia y suma opacidad el saqueo
institucionalizado. En cuanto a la desigualdad la justifican por el mero hecho de
existir.
No hay una raya que separe la democracia
de la no-democracia. Ambos conceptos se ubican en los extremos y se es más o menos
demócrata según se respeten los derechos civiles, la igualdad de oportunidades,
la meritocracia y la consiguiente movilidad social.
Lasciate ogni esperanza reza el frontispicio de la entrada al
infierno en la Divina Comedia de Dante Alighieri. Pues los datos y tendencias que conocemos no
auguran nada bueno en el futuro.


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