Las burbujas son pompas negras de jabón
Quién no sabe en qué
consiste el juego-estafa de la “pirámide”?: compras un duro por cuatro pesetas
confiando en que hagan lo mismo todos los demás. Hace falta ser estúpido, no?
Te venden un duro por 6 pesetas sobre la base de que mañana te lo comprarán por
7, lo que en efecto ocurrirá porque el comprador de mañana lo venderá por 8
después. Y así hasta que uno se mosquea, deja de comprar, se percatan todos de
la barbaridad que están cometiendo y se precipitan a vender lo que tienen, al
precio que sea, cada vez más bajo, hasta que todos quedan arruinados. Eso es a
lo que llaman burbuja. La gente compraba (a crédito, hipotecario, además, para
redondear el negocio) su segunda vivienda no para habitarla sino para
revenderla de inmediato a un precio más caro, hasta que el castillo de naipes
se derrumbó, porque el último comprador al final ya no sabía ni dónde estaba la
casa ni quién fue el primer comprador. Ahora se habla de una nueva burbuja, de
bonos, en los que “sus precios se basan en opiniones sin base o incoherentes
sobre sus precios en el futuro”. Su actividad se basa en la credibilidad sobre
su venta futura tanto como el miedo es el motivo de su derrumbe presente.
Las burbujas financieras las llaman así
porque están huecas, vacías, sin base alguna real fuera de la credibilidad y el
miedo, pero sus efectos en la economía real (producción y empleo) pueden ser
devastadores. Las políticas económicas que se “justifican” por su miedo
deberían aprender del gobierno español que aplica medidas que aumentan el paro y la recesión económica, pero asegurando que “lo
hacen para crear empleo y favorecer el crecimiento económico” (no importa que
sea todo al revés, el caso es que los demás les crean). La burbuja de los bonos
es un intento de sabotaje contra posibles medidas reales de fomento de
crecimiento de la economía y de crear empleo, exigiendo un protagonismo que no
merecen, e intentando reforzar el miedo que asegura las políticas austéricas de
los gobiernos europeos.
(En todo caso, dado que en los cuatro
últimos años en USA los beneficios empresariales han crecido un 250%, al tiempo
que los bajos intereses por la economía debilitada desaniman a invertir en
estos activos, es previsible que el inversor cambie sus bonos por acciones en
empresas con una rentabilidad “económica” garantizada.)


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