Agua Bendita


Desde tiempos inmemoriales nuestros ancestros
provocaban las lluvias (o así lo creían) por magia mimética (llorar animaba a la naturaleza a llover, por ejemplo), simpática (prender fuego reanimaba al
sol agonizante en solsticio de invierno, o lo celebraba en el de verano), o de contacto (hechizar un cabello de la
amada la obliga a rendirse enamorada), y muchos otros rituales mágicos. Atis,
Adonis, Osiris, Dionisos… dan fe de la eficacia de los sacrificios humanos a
estos efectos. La emasculación y el descuartizamiento de las víctimas
sacrificadas, así como la sangre derramada, fecundaban los campos para la
cercana primavera. Las ceremonias de Semana Santa remedan, y emulan, pues, los
antiguos rituales para obligar a la Madre
Naturaleza a llover sobre los campos a fin de propiciar una
exuberante primavera y luego fértiles cosechas. Esta sí que es agua “bendita”.
Dando un empujoncito a la diosa de la Primavera , hija de la
Madre Gea , para que surja florida del
subsuelo, donde habitan los muertos, fuente de nueva vida.
En este contexto, la
Semana Santa en Sevilla se muestra modélica. Apenas hay año
que no llueva. Es como si la preparación de las procesiones (de víctimas
abstractas, ahora ya en efigie que encierran el alma del representado) actuara
como efecto placebo provocando las lluvias incluso antes sacar a desfilar los
pasos, los “santos”. Ante tanta eficacia, y dado que consiguen el propósito
perseguido, es decir, que llueva, resulta un despropósito que la gente se
irrite por haberlo conseguido. Y luego encima, lloran. Quizás practicando la
magia mimética?

Oju! Un poquillo exagerao me parece a mi.
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