jueves, 28 de marzo de 2013

638 (J 28/3/13) Agua bendita

Agua     Bendita 

Desde tiempos inmemoriales nuestros ancestros provocaban las lluvias (o así lo creían) por magia mimética (llorar animaba a la naturaleza a llover, por ejemplo), simpática (prender fuego reanimaba al sol agonizante en solsticio de invierno, o lo celebraba en el de verano), o de contacto (hechizar un cabello de la amada la obliga a rendirse enamorada), y muchos otros rituales mágicos. Atis, Adonis, Osiris, Dionisos… dan fe de la eficacia de los sacrificios humanos a estos efectos. La emasculación y el descuartizamiento de las víctimas sacrificadas, así como la sangre derramada, fecundaban los campos para la cercana primavera. Las ceremonias de Semana Santa remedan, y emulan, pues, los antiguos rituales para obligar a la Madre Naturaleza a llover sobre los campos a fin de propiciar una exuberante primavera y luego fértiles cosechas. Esta sí que es agua “bendita”. Dando un empujoncito a la diosa de la Primavera, hija de la Madre Gea, para que surja florida del subsuelo, donde habitan los muertos, fuente de nueva vida.
          En este contexto, la Semana Santa en Sevilla se muestra modélica. Apenas hay año que no llueva. Es como si la preparación de las procesiones (de víctimas abstractas, ahora ya en efigie que encierran el alma del representado) actuara como efecto placebo provocando las lluvias incluso antes sacar a desfilar los pasos, los “santos”. Ante tanta eficacia, y dado que consiguen el propósito perseguido, es decir, que llueva, resulta un despropósito que la gente se irrite por haberlo conseguido. Y luego encima, lloran. Quizás practicando la magia mimética?

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