lunes, 19 de marzo de 2012

249. reflexiones y otros disparates del día (19/3/12)

1. Cine o teatro?
Con la caza colectiva inventamos las trampas (el engaño). Luego vino el relato. Y, con la mentira, desde el ritual, llegamos al teatro. Fíjense... Aristóteles le concedía el don de la catarsis, al identificarse el espectador con el héroe griego que, en las tragedias, era castigado por los dioses -el Destino- sin culpa alguna por parte del humano, lo que nos permitía una expiación colectiva (no sólo en el Edipo). El cine es un teatro visual más que auditivo, mientras que el teatro se basa en la palabra. En la representación teatral se sobreactúa (y queda bien, muy dramático) mientras que la naturalidad es elemental en el cine. El cine te sitúa en la “realidad” mientras que el teatro estimula tu fantasía. Basta un salto un andar cojeando para que el personaje vuele en el tiempo, de 8 a 80 años. El teatro obliga a la unidad de tiempo, lugar y acción, mientras que en el cine se puede y debe abusar del tiempo de ficción en contra del tiempo real (una acción filmada en tiempo real sería insoportablemente aburrida, como ocurre en el cine francés y otras filmaciones subdesarrolladas, lo que da lugar a elipses en el montaje que se saltan todo lo que no es imprescindible para contarnos la historia). En el teatro prima el actor, mientras que en el cine una buena representación depende mucho del director, entre otros motivos porque es él quien decide la toma que se elige. Además el actor de teatro se motiva por la presencia del público y la continuidad de la representación, mientras que en el cine le rodea todo el equipo técnico y los focos, teniendo que recordar que la toma de hoy subsigue a la que se filmó la semana pasada, sin apenas tiempo para la motivación. En el cine no hay más que lo que ves, mientras que en el teatro un personaje vestido de calle, con una cortina negra de decorado, con pocas palabras nos sitúa en la antigua Grecia, algo que no cabe en las películas, donde el decorado es importante hasta el último detalle. Con cuál de los dos te quedas?
2. La resiliencia
A toda fuerza corresponde una resistencia. Si no fuera por la presión que ejerce nuestro entorno sobre nuestra estructura física, nuestro cuerpo se desparramaría, al no poder sujetarse en la fuerza exterior que lo comprime y permite su existencia. Un poco de presión, pues, no sólo es buena sino que resulta necesaria. Lo mismo ocurre en el área psicológica. Necesitamos un poco de estrés para darle sentido a nuestra vida (aunque sean menores, del tipo de echar una carta al correo mañana o tener que limpiar el lavabo) pues su ausencia total nos hundiría en la depresión y falta de autoestima. Claro que el exceso de presión puede perjudicarnos, como daña el martillazo sobre un vidrio. Por lo que, una vez más, el tema es la dosificación. Traigo esto a cuento por dos motivos. Uno, porque un niño mimado, sin presiones externas, está condenado de por vida a dar por supuesto que las cosas se le dan gratuitamente porque sí, take it for granted, sin necesidad de esfuerzo por su parte. El otro, porque el país estaba aletargado y necesitaba un revulsivo. En ese sentido puede ser beneficioso que nos gobierne el PP, por la presión a la que va a someter a la sociedad civil. Siempre que no se trate de una dosis de camello. Habrá que ver hasta dónde nos asfixian.
3. Ajustes de cuentas
El ajuste de cuentas que se está realizando por el nuevo gobierno contra el Estado del Bienestar (servicios públicos, entre los cuales la sanidad, la enseñanza, la asistencia social…) para privatizarlos y con ello dar carnaza a la bestia insaciable que quiere hacer negocio hasta con el agua y los bebés clónicos, ya no se implanta de un modo furtivo, prudente y taimado, sino que se lanza a tumba abierta, a hachazo limpio, aprovechando el pánico creado con motivo de la “crisis”. Eso sí, sin que se deteriore lo más mínimo la calidad del servicio. (Aunque tal calidad se dará en función del precio cobrado.) Los hijos de papá podrán así comunicarse con otros hijos de papá, y no con la chusma como ahora, lo que redundará tanto en su nivel (calidad) de formación como en la mejoría de su red de intereses económicos futuros en la clase social que les corresponde. Y en cuanto a sanidad ya no tendrán que soportar listas de espera ni el sudor de los sobacos del obrero que se sienta a su lado en el vestíbulo. Con la privatización saldrán ganando todos (ellos), aunque siempre vaya por delante que no se deteriorará la calidad del servicio. Para una magnífica y ecuánime explicación de la naturaleza y alcance de los ajustes, realizada por Dolores de Cospedal, clik aquí: 

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