1. El tabú de la Corona
El tabú es una prohibición que defiende a un grupo/tribu de un daño real o imaginario, para lo cual se sacraliza dificultando su acceso mediante el apropiado ritual, cuyo origen era evitar el contacto con la muerte. Ahí queda eso. Lo tabuado era (es) sagrado y por tanto intocable (el noli me tangere de Xto resucitado). El tabú de los reyes (sagrados) "protegía" a sus súbditos del exceso de energía del tabuado, al tiempo que le defendía de los extraños. La prohibición de tocar lo tabuado lo aplicamos aquí por cuanto que la Corona no era objeto de discusión, ni siquiera de comentario, dándola por supuesto. Yo hasta ahora no me he planteado hasta qué punto es admisible o razonable esta institución en estos momentos, pues entendía que bastantes problemas tenían ya los constituyentes como para añadir éste que podía esperar a debatirse en mejores tiempos. Pero el caso Urdangarín ha permitido exigir cuentas claras y responsabilidades a la Corona que, de este modo, ha perdido la defensa del tabú. Se ha levantado la veda. Tanto que el “periodismo de investigación” ha publicado sin empacho las infidelidades del monarca. Desde ahora nadie dará "por supuesta" la Corona y ello permite deducir que quizás ya esté madura para criticar la necesidad, u oportunidad, de esta institución. Aparte de los gastos que genera, para muchos inaceptables, que siga vigente algo tan obsoleto puede verse como un lastre. Y la falta de carisma de cada uno de sus miembros confirma su rechazo. Por no hablar de la nobleza parásita, aristocracia analfabeta, como ejemplo los de Alba.
2. Por qué se lo permitimos?
Lo que sigue es una reproducción textual de una carta al director de El Heraldo de Aragón por Enrique Capdevila de Zaragoza con fecha 14.1.12: "Estamos en época de recortes de gasto, subidas de impuestos y tasas, subastas de deuda, etc..., puro afán recaudatorio. La Administración, cualquiera de ellas, asfixia a sus administrados y a sus trabajadores, mientras que a los proveedores y empresas que le realizan trabajos no les paga en tiempo y forma establecidos por ley. La situación actual es grave y me suscita una serie de dudas: ¿a dónde fue a parar lo ingresado por recalificación de terrenos de los ayuntamientos? ¿por qué todas las obras públicas terminan costando el doble de lo presupuestado? Si todas las empresas públicas, entes y patronatos que se fundaron son ahora fácilmente prescindibles, ¿para qué se crearon? ¿quién se benefició de ellas? (sigue una larga lista de gastos sin sentido)...¿Por qué los alcaldes, concejales, consejeros, cobran por asistir a comisiones? ¿Es lícito y moral cobrar dietas cuando se viaja en coche oficial y con todos los gastos pagados?... ¿Por qué no tienen ninguna responsabilidad civil o penal los que, desarrollando mal su trabajo, originan quebrantos al erario? Y sobre todo ¿POR QUÉ SE LO PERMITIMOS?
El tabú es una prohibición que defiende a un grupo/tribu de un daño real o imaginario, para lo cual se sacraliza dificultando su acceso mediante el apropiado ritual, cuyo origen era evitar el contacto con la muerte. Ahí queda eso. Lo tabuado era (es) sagrado y por tanto intocable (el noli me tangere de Xto resucitado). El tabú de los reyes (sagrados) "protegía" a sus súbditos del exceso de energía del tabuado, al tiempo que le defendía de los extraños. La prohibición de tocar lo tabuado lo aplicamos aquí por cuanto que la Corona no era objeto de discusión, ni siquiera de comentario, dándola por supuesto. Yo hasta ahora no me he planteado hasta qué punto es admisible o razonable esta institución en estos momentos, pues entendía que bastantes problemas tenían ya los constituyentes como para añadir éste que podía esperar a debatirse en mejores tiempos. Pero el caso Urdangarín ha permitido exigir cuentas claras y responsabilidades a la Corona que, de este modo, ha perdido la defensa del tabú. Se ha levantado la veda. Tanto que el “periodismo de investigación” ha publicado sin empacho las infidelidades del monarca. Desde ahora nadie dará "por supuesta" la Corona y ello permite deducir que quizás ya esté madura para criticar la necesidad, u oportunidad, de esta institución. Aparte de los gastos que genera, para muchos inaceptables, que siga vigente algo tan obsoleto puede verse como un lastre. Y la falta de carisma de cada uno de sus miembros confirma su rechazo. Por no hablar de la nobleza parásita, aristocracia analfabeta, como ejemplo los de Alba.2. Por qué se lo permitimos?
Lo que sigue es una reproducción textual de una carta al director de El Heraldo de Aragón por Enrique Capdevila de Zaragoza con fecha 14.1.12: "Estamos en época de recortes de gasto, subidas de impuestos y tasas, subastas de deuda, etc..., puro afán recaudatorio. La Administración, cualquiera de ellas, asfixia a sus administrados y a sus trabajadores, mientras que a los proveedores y empresas que le realizan trabajos no les paga en tiempo y forma establecidos por ley. La situación actual es grave y me suscita una serie de dudas: ¿a dónde fue a parar lo ingresado por recalificación de terrenos de los ayuntamientos? ¿por qué todas las obras públicas terminan costando el doble de lo presupuestado? Si todas las empresas públicas, entes y patronatos que se fundaron son ahora fácilmente prescindibles, ¿para qué se crearon? ¿quién se benefició de ellas? (sigue una larga lista de gastos sin sentido)...¿Por qué los alcaldes, concejales, consejeros, cobran por asistir a comisiones? ¿Es lícito y moral cobrar dietas cuando se viaja en coche oficial y con todos los gastos pagados?... ¿Por qué no tienen ninguna responsabilidad civil o penal los que, desarrollando mal su trabajo, originan quebrantos al erario? Y sobre todo ¿POR QUÉ SE LO PERMITIMOS?3. La pobreza genera violencia
No lo queremos demostrar, lo damos por supuesto y partimos de ahí. Y si A es causa de B y B es causa de C, es difícil admitir que A no tenga nada que ver con C. Dicho con otras palabras, si la riqueza produce pobreza (por definición, pues ninguna sería posible sin la otra) y la pobreza genera violencia, es difícil admitir que... (sigan ustedes mismos). Mario Trinidad sugiere con brillantez que el que los ricos tengan más y encima contribuyan menos (proliferan en ellos las exenciones fiscales), cargando el peso de los gastos colectivos sobre las espaldas de los más oprimidos (y no lo digo así por dramatizar), tiene orígenes medievales: el señor conde del feudo protegía a sus súbditos y no tenía sentido que él tuviera que contribuir a financiar sus propios gastos, corriendo por tanto la contribución a cargo de los protegidos. Esta idea se traspasó a la figura del empresario burgués como "emprendedor individual que crea puestos de trabajo, al que hay que estimular aliviándole de su carga fiscal" (bajando impuestos se crean empleos, les suena?) y luego los substituyen en su puesto y su función las corporaciones multinacionales que asumen el papel de directores de nuestra vida económica. Como ven la retórica se repite, la de eximir de los impuestos a los empleadores. Y su secuela: el gasto social como el origen de nuestros males, y sus recortes como la panacea. El decreto contra el déficit alardea de esta filosofía, aunque incremente el número de parados, aunque los trabajadores vean reducidos sus salarios y derechos, aunque -como reza el chiste de El Público que sigue- si acaban con la crisis será porque ésta muera de éxito. El peligro es provocar la ira de la población, empobrecida, que puede estallar con violencia. en cualquier momento, porque ya se ha percatado de las desigualdades.
N/B. He visto acuñado un nuevo término con el que no estoy de acuerdo: "miedocracia", porque el miedo no es un tipo de gobierno sino un instrumento de cualquier poder, sobre todo el religioso. Todos los gobiernos (políticos, financieros, económicos, religiosos...) son miedócratas en cuanto que utilizan el miedo para amedrentar al ciudadano y, con ello, someterlo.
N/B. He visto acuñado un nuevo término con el que no estoy de acuerdo: "miedocracia", porque el miedo no es un tipo de gobierno sino un instrumento de cualquier poder, sobre todo el religioso. Todos los gobiernos (políticos, financieros, económicos, religiosos...) son miedócratas en cuanto que utilizan el miedo para amedrentar al ciudadano y, con ello, someterlo.
(del diario PUBLICO, 12.1.12) |
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