Los jueves globs-blog tenían la intención de ser una plataforma de encuentro donde publicar vuestras colaboraciones. En vista del fracaso conseguido, lo mantenemos por una semana más..., pero a la próxima, si no colabora nadie, saldrá vacío, sin más.
1. A meandros con el Ebro
1. A meandros con el Ebro
Los maños son muy sensibles al tema de los posibles trasvases del Ebro. Su rechazo es visceral, que no se lo toquen, que es suyo, pero intentan argumentarlo de un modo racional: y así, sería un proyecto devastador desde el punto de vista ecológico, se presta a especulaciones propias de las macroestructuras faraónicas, se derivarían recursos naturales desde una zona deprimida como es la aragonesa, a otras más prósperas como son Cataluña o Levante. Pero, me pregunto yo, acaso no se trasvasaría solamente lo que sobrara? Quizás lo que se quiere es quitar la tentación para evitar el peligro. Porque instalas un tubo, y a ver quién frena luego el agua que pueda transportar.
2. Una historia de celos (o cómo librarse de ellos)
Terele y Serafín formaban una pareja perfecta. Sin hijos, pero perfecta. Los dos eran guapos, jóvenes e inteligentes y además ganaban su buen sueldo. Sólo había un problema, que Serafín era celoso. Los celos se lo comían vivo. Han leído ustedes El Túnel, de Sábato?, bueno, pues una cosa así. Cuando la realidad era que la pobre Terele, lo sabemos de buenta tinta, era una santa y estaba enamorada de su pareja hasta los tuétanos por lo que nunca le había sido, ni le sería jamás, infiel. Ni por asomo. Pero oye, los celos son así, y al que le han tocao, le han tocao. Serafín lo pasaba tan mal que decidió superarlo, a saber, racionalizándolo. Los celos se deben a un complejo de inferioridad y a una gran inseguridad afectiva, que Serafín no estaba dispuesto a consentir comoparte de su personalidad. Si Terele se echaba al monte y hacía de su capa un sayo, él no lo podría evitar. Decidió aceptarlo como un hecho consumado y se prometió sacar partido llegando a casa a horas imprevistas con el fin de participar en menages a trois, pero por más que lo intentó nunca tuvo éxito. La diversidad en las relaciones sexuales se sustenta en la propia naturaleza humana, por lo que son inevitables, y lo mejor es aceptarlas en vez de convertirlas en motivo de un continuo sufrimiento. En consecuencia, ambos miembros de cualquier pareja tienen perfecto derecho a echarse al monte, pero ese derecho se queda vacío si no se ejercita en la práctica. Como estaba totalmente convencido de que Terele se lo aplicaba a sí misma, el tenía que hacerlo también. Y lo hizo. Cuantas veces pudo, ya más como obligación que como derecho, lo que le ayudaba a ser feliz. Sin ningún remordimiento. Y con ello hacía feliz a Terele por verle siempre tan alegre y satisfecho. Y todo el mundo tan contento. Lo único que no consiguió fue sorprender in fraganti a su pareja por más que lo intentó. Lo curioso de esta historia, que yo no he sabido contar bien, es que Serafín estaba convencido de que su éxito se debía a que él hubiera aceptado que su pareja le fuera infiel.
2. La batalla del siglo
Terele y Serafín formaban una pareja perfecta. Sin hijos, pero perfecta. Los dos eran guapos, jóvenes e inteligentes y además ganaban su buen sueldo. Sólo había un problema, que Serafín era celoso. Los celos se lo comían vivo. Han leído ustedes El Túnel, de Sábato?, bueno, pues una cosa así. Cuando la realidad era que la pobre Terele, lo sabemos de buenta tinta, era una santa y estaba enamorada de su pareja hasta los tuétanos por lo que nunca le había sido, ni le sería jamás, infiel. Ni por asomo. Pero oye, los celos son así, y al que le han tocao, le han tocao. Serafín lo pasaba tan mal que decidió superarlo, a saber, racionalizándolo. Los celos se deben a un complejo de inferioridad y a una gran inseguridad afectiva, que Serafín no estaba dispuesto a consentir comoparte de su personalidad. Si Terele se echaba al monte y hacía de su capa un sayo, él no lo podría evitar. Decidió aceptarlo como un hecho consumado y se prometió sacar partido llegando a casa a horas imprevistas con el fin de participar en menages a trois, pero por más que lo intentó nunca tuvo éxito. La diversidad en las relaciones sexuales se sustenta en la propia naturaleza humana, por lo que son inevitables, y lo mejor es aceptarlas en vez de convertirlas en motivo de un continuo sufrimiento. En consecuencia, ambos miembros de cualquier pareja tienen perfecto derecho a echarse al monte, pero ese derecho se queda vacío si no se ejercita en la práctica. Como estaba totalmente convencido de que Terele se lo aplicaba a sí misma, el tenía que hacerlo también. Y lo hizo. Cuantas veces pudo, ya más como obligación que como derecho, lo que le ayudaba a ser feliz. Sin ningún remordimiento. Y con ello hacía feliz a Terele por verle siempre tan alegre y satisfecho. Y todo el mundo tan contento. Lo único que no consiguió fue sorprender in fraganti a su pareja por más que lo intentó. Lo curioso de esta historia, que yo no he sabido contar bien, es que Serafín estaba convencido de que su éxito se debía a que él hubiera aceptado que su pareja le fuera infiel.
2. La batalla del siglo
No me refiero a las armas sino a la batalla de las ideas, o quizás solamente de palabras, entre la derecha conservadora y la izquierda progresista. La derecha, según Vicent, cuenta entre sus filas con "los banqueros, los empresarios, los ricos, los notarios, los registradores, los abogados del Estado, los militares, los jueces, la iglesia, las fincas rústicas y urbanas, la policía, las cárceles...". Y también con el Dinero y con dios. Y además, con el miedo y las dudas de la izquierda. Y ahora, encima, con el BOE. Pero su mayor arsenal, su arma letal, es su quinta columna infiltrada en las líneas enemigas que se componen de pobres, descreídos,
ilusos y poetas. Y ese arma letal es el deseo de los menos favorecidos de "llegar a ser ricos y salir de vacaciones a Cancún o Punta Cana", lo propio de las derechas. Las carencias de la izquierda se traducen en codazos entre ellos para ocupar el centro de la foto que es lo que enfoca el flash. Flash..., flash, flash. Apariencia es un término lúcido, o lucido, looking en inglés. Flash que, al iluminar al protagonista, deja deslucidos, en las sombras, a todos los demás. Lo tienen crudo. Bloqueados por el miedo. A ver si renacen como un nuevo sol en este solsticio de invierno. Como el marido de la casa de Forges, "hoy hago la cena yo, dónde está la cocina?".
ilusos y poetas. Y ese arma letal es el deseo de los menos favorecidos de "llegar a ser ricos y salir de vacaciones a Cancún o Punta Cana", lo propio de las derechas. Las carencias de la izquierda se traducen en codazos entre ellos para ocupar el centro de la foto que es lo que enfoca el flash. Flash..., flash, flash. Apariencia es un término lúcido, o lucido, looking en inglés. Flash que, al iluminar al protagonista, deja deslucidos, en las sombras, a todos los demás. Lo tienen crudo. Bloqueados por el miedo. A ver si renacen como un nuevo sol en este solsticio de invierno. Como el marido de la casa de Forges, "hoy hago la cena yo, dónde está la cocina?".


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