martes, 15 de noviembre de 2011

135. reflexiones y otros disparates del día (15/11/11)

1. El Poder
En mi niñez los de mi grupo admirábamos a Antonio que en las peleas nos ganaba a todos -a nosotros y a los de los otros barrios- y como era del Sevilla CF, todos éramos del equipo del Sevilla, buscando asociaciones que nos dieran su poder. El Poder, con mayúsculas, como dominio de los demás y del entorno. Y con todas en mayúsculas para referirnos al Poder institucionalizado, el Estado: el padre Super-yo colectivo freudiano con quien mantenemos una relación ambivalente afectiva de amor-odio. Vayan unos apuntes a vuelapluma con motivo de las elecciones generales. El poder institucionalizado nació como órgano de re-distribución (los impuestos de hoy), todos dábamos lo nuestro para recibir lo de todos los demás, lo que aumentó la productividad al permitir la división del trabajo. Se reforzó al tener que aunar esfuerzos y recursos tanto humanos como financieros con motivo de las primeras obras públicas, hidráulicas, en Egipto y Mesopotamia, canalizando los ríos para desarrollar la agricultura intensiva. 
fósil molusco-crustáceo, Cretácico
Superior,  siglo XXI  de la era crist.
Y se concentró aún más con la figura del caudillo cuando, al formar ejércitos profesionales, todos tuvieron que armarse para defenderse si no querían ser colonizados y reducidos a esclavos por los vencedores. Una vez instituido, el poder, y el acceso al poder, se ejerce como ritual, como teatro, por la emotividad propia de toda acción colectiva y por rodearse de símbolos, con abusos contenidos esporádicos para dar fe del que lo detenta, no sea que se nos olvide. Son los abusos y la necesidad de controlarlos lo que motivó la división de poderes de Montesquieu, pero eso nos llevaría lejos. El poder aceptado por los súbditos (o ciudadanos) no sólo le confiere al líder autoridad sino que lo legitima, hasta tanto no sea refutado. Y eso es lo que intenta la farsa de las urnas: que aparente una aceptación del líder por los ciudadanos. Pero hoy día los ciudadanos ni eligen al candidato ni pueden derrocarlo, ya que se interpone una casta intermedia, la de los políticos, que invalida la legitimación por más que sean ellos los que lo revistan de legalidad. Y basta por hoy.
2. Al pan, pan, ¿y al vino...?
Aznar es antisistema; el 15-M es sistema. Sin eufemismos. A ver si, para entendernos, empezamos a poner todo del revés. Si Mayo del 68 reivindicó la Libertad, el M-15 enfatiza la Igualdad. Por eso caben en él todos, todos por igual, de diferentes edades e incluso ideologías. Por eso su comunicación, por redes, es horizontal. Es en el antisistema donde se impone la jerarquía, los linajes, la verticalidad, incluso piramidal, como pudimos ver en su última manifestación de los CDS, credit default swaps, que son seguros tan inseguros que con ellos se juega al azar. Y lo "políticamente correcto" dejará de ser una coartada para esconder lo soez y así poder llamar al pan, pan, y al vino, vino.
3. La política del avestruz
Lo que no se ve no existe. Creen que basta con ignorar algo para que tal algo no exista. Eso hizo el gobierno de Castro que extirpó para siempre la prostitución, el estigma de una Cuba prostíbulo para dar placer a los americanos. Si  será así, lo dicho de que no existe, que Mariela Castro, hija de Castro y directora del Centro Nacional de Educación Sexual, ha quedado fascinada con la exhibición de prostitutas en los ventanales de Amsterdam, tanto que ha comentado: "estas mujeres dignifican su trabajo". Su reacción mereció su entrada en el blog de Yoani Sánchez, con la trifulca consiguiente. Las otras, las jineteras cubanas, perseguidas hasta el exterminio (como profesión), buscan refugio y protección en chulos que las explotan y se tienen que encerrar en recintos de mala muerte sin más escaparate que el espejo en que se miran en sus cuartuchos sin ventanas. Es la diferencia entre legalizar lo que puede y debe controlarse o negar la realidad dejándola, por ejempo, fuera de la ley, donde no caben la dignidad ni los derechos.

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