1. Esta Europa no funciona
Soledad Gallego Díaz nos avisa de la debilidad de las instituciones europeas. Si conseguimos atisbar por qué Europa está estancada, indecisa, frustrante, vacilante y desnortada, por no cansarles con más epítetos que cabrían, quizás podamos ayudar a que salga de su marasmo. No será porque los políticos de sus instituciones no son tales sino meros funcionarios? El gobierno de Europa está en manos exclusivas del Consejo que se compone de miembros de los gobiernos nacionales que “legislan”, no pueden tomar decisiones por simple mayoría sino que lo hacen mediante un complejo cálculo de votos, pueden vetar algunas decisiones y en otras abstenerse de cumplirlas por estar en desacuerdo, y carecen de una acción institucional continuada. Con estos bueyes qué campos quieren que aremos? La Comisión es un puro órgano gestor que no puede separarse un ápice de las instrucciones y control del Consejo. Y el Parlamento delibera, sin ser vinculante. La inoperatividad se ha conseguido a conciencia. Por si no fuera bastante, los que están al frente de las máximas funciones ejecutivas, los dos Presidentes del Consejo y de la Comisión, así como la titular de Relaciones Exteriores, son meros funcionarios, sin creatividad ni capacidad de iniciativas, lo siento pero si hay que sajar por lo sano, se saja. Si se quiere empujar a la UE hacia delante, el primer paso inevitable es atreverse a reforzar sus instituciones claves. En sus gestores y en sus contenidos.
2. Huida hacia adelante
Joshka Fisher hace pública su opinión, ampliamente conocida, sobre la necesidad de saltar de la Confederación Europea (que no llega ni a eso) a una Europa Federal con todas sus consecuencias. La situación crítica actual obliga a una sola dirección europea de la política económica y fiscal si no se quiere tirar por la borda 40 años de esfuerzo para construir Europa. Un presupuesto europeo implica un Parlamento “europeo” que lo apruebe y pueda hacer su seguimiento. No se puede continuar con la suma de aprobaciones nacionales en cada caso sino que hay que dar el salto, ya, a un órgano supranacional que nos gobierne. Y no hay otra salida, ni posiblemente marcha atrás. Sin embargo nos esperan las Escilas y Caribdis: por un lado habrá que reformar los tratados tras consensuar lo que sería la verdadera “Constitución” europea, vayan contando meses. Una vez acordado su texto, los Parlamentos nacionales tendrían que confirmarlos, haciéndose el hara-kiri de sus soberanías, lo que alargará bastante tiempo más, si es que lo hacen, tras una previsible resistencia. Y esto sólo con los 17 de la eurozona (dos Europas!) a los que más tarde podrían añadirse los demás. Podremos sobrevivir a todo esto?
Vargas Llosa muestra su simpatía por el PP y añade que su alianza con la UPyD de Rosa Díez, que desea necesaria por no conseguir el PP la mayoría absoluta, garantizaría la continuidad de las políticas sociales del PSOE (¡!?%&!). Con ello además se evitaría tener que pactar con los partidos nacionalistas que forzarían un servilismo del gobierno central. Por si a alguien le queda alguna duda, puede ayudar la apología de la Rosa UPyD, “mujer menudita y de ojos efervescentes”: “tolerante, que admite la diversidad entre sus afiliados que van desde la socialdemocracia al liberalismo pasando por el centro cristiano o laico y hasta con pequeños destellos anarquistas, lo que da a esta formación política un aire fresco, joven, sano, renovador, idealista, desprovisto de cálculo…” (ampliando el campo para que quepan cuantos más…, hay quién dé más?) Pero sr. don Mario, qué l’a pasao con la Rosa?



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