1. Sintagmas
Empezar diciendo: "Yo, sinceramente..." suele ser una excusa para luego formular un juicio negativo, impertinente, o un prólogo para después soltar un exabrupto. Lo dice Javier Gomá Lanzón, y yo estoy totalmente de acuerdo. Igual que hay otros sintagmas, como "la verdad es que...", que ratifica a priori la buena impresión que se quiere dar, de la cual no parece estar seguro. Es algo más que la coletilla que utilizan tantos (sobre todo deportistas) cuando responden a cualquier pregunta, "sí, bueno, no?", sólo con el fin de darse tiempo para pensar lo que se quiere decir, o como cuando se repite "digamos". La apelación a la sinceridad se hace en nombre de lo genuino, haciendo prevalecer la autenticidad sobre todo lo demás: "yo soy así" es el remate que lo refrenda. "Es preferible la hipocresía de los filántropos que la misantropía de los sinceros", que es el estado al que llegan por el rechazo que provocan. Pues el sincero radical es inmaduro (o es blanco o es negro, no distingue matices), incívico, histérico (buscando el protagonismo). Yo también escribí alguna vez que la mentira es fecunda (si lúdica) mientras que la verdad es estéril (si es cruel). Y cuando alguien me dice que va a ser sincero conmigo, se lo agradezco efusivamente antes de salir corriendo.
2. Baltasar Gracián
Vivo al lado de su casa natal, en el antiguo Belmonte de Calatayud, hoy llamado en su honor Belmonte de Gracián. Y me veo por ello en la obligación de informarles que han sido reeditadas sus obras completas, en edics. Cátedra, con notas de Santos Alonso (1.630 págs, 44€), lo cual hago con gusto. Un "indignado" de su tiempo, que se indispuso con sus superiores jesuitas, por lo que decidió escribir bajo pseudónimo. Indignado contra la mediocridad y la falta de juicio de los poderosos, el falso esplendor de sus apariencias, las mentiras y los vicios de su época, fue el mejor escritor de la lengua castellana después de Quevedo, según dijo alguien que no recuerdo. Su obra El Cronicón fue calificada como "el mejor libro de todos los tiempos" nada menos que por el mismísimo Schopenhauer, nos informa F. Moreno Claros, que le hace la reseña. Su Oráculo manual y arte de prudencia ofrece 300 reglas para quienes desean comportarse correctamente en este mundo, aunque los consejos morales y un afán pedagógico impregnan toda su obra. Yo lo tengo permanentemente en mi mesilla de noche, pues lo utilizo para dormir. Y siguiendo su conseja "lo bueno, si breve, dos veces bueno"..., sin más les dejo.
Otra citas de mi vecino: Mejor un final feliz que una entrada aplaudida. Toda victoria es odiosa pero si es sobre el jefe, entonces es estúpida y fatal. Cuando alguien elogia el ingenio, se refiere al suyo propio... (Y sopotocientas más)
3. Los balnearios de los políticos
Lo que une a los políticos es su voluntad común de mantener sus propios puestos de trabajo. No lo entrecomillo porque esto puede decirlo cualquiera, más aún yo se lo he oído decir a mi vecina antes que a Féliz de Azúa. Ayer en la radio me puso mal cuerpo un político relamido que juraba y perjuraba que, a pesar de los corruptos, que son excepciones, los políticos son "personas sensibles con vocación de servir a los demás". Menos mal que tuvo que sufrir una andanada de llamadas de oyentes que le pusieron a caldo, de chupa de domine. El Senado y las Diputaciones (sólo a título de ejemplo, yo de bote pronto añadiría las Comarcas y las empresas públicas) son lujosos balnearios para antiguos altos cargos aparcados. (O sea que cuando alardean de que se lo sudan puede que se refieran a la sauna.) Yo ya me he pronunciado varias veces sobre la perversa opinión que me merece el sistema político integral, y a ellas me remito (XXV.2, 83.2, 95.2). Pero si me repito con el tema es por reforzarlo con opiniones tan valiosas como la de Félix de Azúa y porque me ha gustado que llame balnearios a las instituciones improductivas. “Los políticos, de cualquier partido que sean, se alimentan de nuestro patrimonio (la sanidad, la enseñanza...) dejando indemne el suyo propio, al cual no tocan ni un euro”. Es que ni se les ocurre. Y que a nadie se le ocurra. "Con el ahorro que se conseguiría eliminando instituciones de adorno como el Senado y las Diputaciones, se habría cubierto el déficit de la sanidad y la enseñanza, y aun habría dado para mejorar sus infraestructuras". El sistema institucional político ha devenido en una "simple máquina colosal que se autoalimenta sin otra finalidad ni propósito que la de mantenerse en los privilegios" de su sinecura. Lo dicho.
Otra citas de mi vecino: Mejor un final feliz que una entrada aplaudida. Toda victoria es odiosa pero si es sobre el jefe, entonces es estúpida y fatal. Cuando alguien elogia el ingenio, se refiere al suyo propio... (Y sopotocientas más)
3. Los balnearios de los políticos
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| fósil molusco-crustáceo, cretácico superior, siglo XXI de la era crist. |


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