viernes, 23 de septiembre de 2011

83. reflexiones y otros disparates del día (23/9/11)


Nos vemos! hasta la vuelta!
No se vayáis!... que regreso
 en menos que ná.
 1. Internet provoca estereotipos
Cuenta el obispo Agustín de Hipona que vio a un niño intentando volcar con un cubo pequeño todo el agua del mar en un pequeño agujero que había cavado en la arena de la playa. Y que comparó su esfuerzo con el de intentar comprender con nuestra mente la mente de dios. Para mí que se refería al moderno internet. La masiva afluencia informativa que nos inunda desde los medios y ahora más con “la red”, nos obliga a utilizar filtros como los estereotipos que nos ayudan a digerir, aunque sea frívolamente, el exceso de tanta información. Los pobres lo son porque no quieren trabajar, se dirá un rico, y punto, con lo que elimina de un plumazo un tema molesto, habiendo como hay tantos temas que tratar. Los norteamericanos tienen la culpa de todo, los banqueros son esto y lo otro…, y al no tener que pensar con rigor, podemos descansar. El estereotipo es necesario para utilizar atajos en la interpretación de los datos que se nos ofrecen sobre la realidad pero corremos el peligro de generalizar con torpes simplezas y excesiva superficialidad. Por lo que internet es un arma de doble filo que si queremos utilizar bien tendremos que embridarla para que no nos desboque. Además de que cuando recibimos información sólo digerimos aquélla que cabe en nuestros esquemas mentales y en la forma que más se acomoda a nuestros deseos, lo que explica que cada uno interprete los datos de un modo distinto, según nos conviene, y que sólo podremos asimilarlos según la experiencia y la formación que tengamos, algo así como digerirlos y asimilarlos en función de nuestro metabolismo. Lo cual sólo podrá enriquecernos con un esfuerzo previo y fuera de internet.
      2. La malversación de fondos públicos
      Nadie duda de que la hay. Pero yo me atrevo a más. Al igual que dije que todos los políticos son corruptos, todos, por encuadrarse en una institución viciada en su propio origen y formación, también sostengo ahora que todos los fondos públicos, por el hecho de carecer de “dueño”, llevan en su naturaleza el dispendio y la malversación. Especialmente en Europa donde privan las subvenciones, que además de despilfarro se utilizan para captar una clientela política. Al despilfarro hay que añadir la falta de control. Porque las Intervenciones vigilan el expediente donde se engendran pero no su aplicación. Y en todo caso más que para evitar fraudes, su trabajo consiste (en la realidad) en vestir el santo, esto es, asesorar al órgano gestor a redactar los documentos de manera que cumplan (o parezcan cumplir) con la ley. Y el que no se crea esto, que se caiga del guindo. Viene todo a esto a cuento de los 400.000 volúmenes adquiridos por la DGA desde hace años sin saber para qué, y que duermen el sueño de los justos en un almacén que cuesta 45.000 € al año (3.750 mensuales). Pero este ejemplo se podría multiplicar hasta no sé dónde. Así, de bote pronto, me acuerdo de la magnífica colección de la obra completa de Fray Bartolomé de las Casas que se editó con motivo de la Expo del 92 y que quedó almacenada en un local de la Alameda de Sevilla (yo la vi) durante no sé cuánto tiempo, si es que no sigue todavía. Es esto malversación de fondos públicos? o no? Y si es así, o así lo percibe una sociedad, como en USA, podremos entender que quieran que las funciones del Estado se reduzcan a las mínimas posibles. O sea, la autorregulación.
      3. Crisis (personal)
      Esta mañana he sufrido una crisis. Pero gorda, eh? no creáis que era una crisis del tres al cuarto, sólo para llamar la atención. Con deciros que he estado a punto de hacerme católico, o del Hare Krishna… Me he acordado de detalles insignificantes de mi niñez, como dicen que ocurre cuando uno va a morir… Tenía náuseas, mareos y ganas de morirme de una vez. Pero no quiero abrumarles. Termino. Y sabéis lo que era? Eructito. Un eructito, al estilo del marcianito Gurb de Mendoza, y se acabó. Un simple eructito, eso era todo. Y oye, que hasta recuperé la paz interior. Esto que acabo de contar podrá parecer una tontería pero no lo es. La prueba es que me ha hecho reflexionar y he llegado a estas dos conclusiones, por sólo mencionar dos: 1. Que no somos más que un complejo físico-químico. Con todas las consecuencias. Sin más comentarios. 2. Que las gestas más importantes se fraguan en los gestos más nimios. Que no creo en los héroes ni en sus hazañas, sino en el paseo de la mañana, en la fruta cogida del árbol, la sonrisa, o la paz en que se queda uno cuando se alivia (así lo llamamos en Andalucía).

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