Las
ciencias sociales (filosofía, psicología, sociología, política, economía,
antropología…) no pueden expresarse en leyes como lo hacen las ciencias exactas
(Física, Matemáticas…) y por eso las envidian. Tanto es así que a veces
incurren en la estupidez de utilizar fórmulas, números, para afianzar lo que no
son más que hipótesis (lo que se llama reduccionismo),
intentando vestirlas de un rigor y exactitud que ni tienen ni lo necesitan.
Incluso las leyes de las ciencias exactas son también hipótesis que ceden su
lugar a otras nuevas que las superan y las contradicen.
Entre
las ciencias sociales la más denostada es la filosofía. Calificada como retórica, abstracta,
pedante, así es fácil llegar a tacharla de inútil, sobre todo en tiempos en que
la especialización en los estudios parece obligada si se quiere que sirvan para
“encontrar trabajo”.
La
aversión a la filosofía, y su menosprecio por muchos científicos, se debe a
confundirla con la tomística, “esclava de la teología”, que se impuso entre los
católicos (bizantina, amante de discutir por ejemplo sobre el sexo de los
ángeles), o por la dificultad de lectura dada su opacidad al expresarse, como
ocurre en los textos desde Kant hasta Ortega y Gasset pasando por Heidegger.
(Porque los filósofos, como los científicos, escriben para sus colegas, no para
el pueblo.) Por otra parte, la filosofía no da soluciones, sólo expone los
problemas. E interpreta los hechos y dichos con los que se expresan.
Un nuevo “peligro” que acosa a las ciencias sociales es el de suplantarlas con
explicaciones físicas sujetas a comprobación. Un ejemplo de esto lo tenemos en
las neurociencias que están desplazando a la psicología, porque
explican lo que antes solamente se podía describir (sin entenderlo?). Las expresiones
románticas, por ejemplo, se ven reemplazadas por explicaciones tales como la
secreción de endorfinas, lo que reduce el romanticismo a un efecto químico.
En una torpe comparación entre la
Ciencia y la Filosofía, Javier Sampedro expectora este chiste tan inoportuno
como incierto: la diferencia entre un científico y un filósofo, dice, es que el
primero además de lápiz y papel utiliza una papelera. Y aconseja lo mismo para
los filósofos, en el sentido de que nunca den por definitivos los pensamientos
que se les ocurran. Sin percatarse de que el filósofo vive en la duda permanente.
Uno de los más importantes filósofos, Descartes, utilizaba la duda (metódica)
como origen de todo conocimiento.
Por último la especialización a que se
ve obligado el estudiante es el mejor instrumento para alcanzar la Estupidez.
Pues nunca sabremos nada de nada si lo aislamos de su medio y su contexto, del conjunto global que le permite ser y reconocerse. Por eso se acude al recurso de los métodos interdisciplinares. Y por
eso las Humanidades estarán siempre por encima de la Ciencia. Un buen ejemplo
nos lo ofrece la figura de Leonardo da Vinci.



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