Hace falta ser acémila para intentar
echar por tierra la labor que Carmena, la anterior alcaldesa, había puesto en
marcha para descontaminar a Madrid de la peligrosa polución que padecía: la
reducción del tránsito de coches en el Madrid
Central. Se trata de contradecir al adversario político incluso en casos,
como éste, en que dando marcha atrás no sólo se echan por tierra unas medidas
positivas que beneficiaban a todos
sino que además su derogación causa graves perjuicios
a los ciudadanos, a la salud pública, a la opinión general, a las
recomendaciones de Bruselas y al sentido común, y todo solamente para llevar la
contraria al anterior gobierno que, en esto al menos, gozaba del aprecio y del
aplauso general e internacional. Alguien que comete tal desaguisado no puede
estar bien de la cabeza, lo cual puede servirle de atenuante pero exige que se le
deshabilite de inmediato para ejercer
cargo alguno en la política. Este alcalde tiene nombre y apellidos: José Luis
Martínez-Almeida, otro cuya memoria
delenda est.
He leído en algún sitio que los
seres humanos nos “movemos” en un espacio
pero “vivimos” en un lugar. El
urbanismo moderno favorece el espacio por encima del lugar, e inclinando la
balanza a favor de la movilidad le da la prioridad al vehículo automóvil al
cual le cede el espacio en detrimento del factor humano.
Ya a finales de los años
cincuenta Jane Jacobs pedía para New York más espacios comunales, menos
tránsito de coches, más atención al cuidado del patrimonio histórico, medios de
transporte alternativos, reciclajes, economías locales… Su libro acababa así:
“Este libro carece de ilustraciones. Las escenas que lo ilustran están a
nuestro alrededor”. Mirad, mirad a las calles, y si además escucháis,
mejor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario