El 14 de noviembre pasado pudimos ver la luna
llena más grande de los últimos 68 años. Hoy es luna llena de nuevo.
Supongo
que Helena (Grecia) proviene de Selene (luna, madre de Diónisos). Y luna
llena (Eur-opa: la de cara ancha) era la diosa de
Creta, llamada Pasifae (la que
alumbra a todos), que adoptaba la figura de vaca en la cópula anual (ritual,
sacrificial) con el Minos-tauro, lo
que nos hace sospechar que si bien pudieran ofrecérseles sacrificios humanos,
como pretende el mito de Teseo, el verdadero sacrificado sería el propio Minos
en figura de toro. Vaca y luna, pues, parecen ir juntas de la mano como lo
muestran las iconografías egipcias de la época, con vacas cuyas astas semejan
la media luna. Cuando el toro blanco (sin duda sacrificial) transportó en su
lomo a la luna Europa hasta Creta debió hacerlo en el tercer milenio adne. Es
posterior a estas fechas la emigración de la vaca Io (madre de los jónicos) por
toda la costa mediterránea.
Es
también en esta época cuando Creta ejerce su hegemonía en el Mediterráneo. Y es
entonces, del 4000 al 2000 adne., cuando la constelación de Tauro sirve de
referencia en el calendario nocturno, como antes lo hizo Géminis del 6000 al
4000 adne., y luego lo haría Aries del 2000 al año 0 (tanto Zeus en Lafistio se
reviste de carnero con el vellocino de oro que tendrían que recuperar los
argonautas, como el mismo Xto. toma forma de cordero) hasta que la nueva Era
cristiana llega con Piscis del año 0 al 2000 en el que la constelación de
Piscis es relevada por Acuario. No es en un entorno astrológico que los
cristianos se reconozcan dibujando en el suelo los peces de los nuevos tiempos.
Se trata de los signos astronómicos
del zodíaco dentro del año platónico de 24.000 años solares, en el marco
de la precesión de los equinoccios (nada que ver con los
esoterismos astrológicos, vade retro.)
No es extraño, por tanto, que Vaca y Luna vayan juntas de la mano, repetimos, Europa como
vaca-luna con su toro y como luna-vaca después, cuando llega a Creta.
La
luna marcó el calendario en el Mediterráneo hasta el año 1200 adne. cuando se
impuso el año solar que llegó con los dorios indoeuropeos, si bien los aqueos
en el año 2000 lo habrían intentado desde 800 años antes. La importancia de
este año 1200 se realza cuando vemos que los grandes mitos griegos de la Ilíada , la Odisea , los Argonautas…, se
sitúan en estas fechas. Hito que marca el nacimiento del Olimpo patriarcal cuya
cultura misógina sigue en parte vigente todavía.
La
fusión de los calendarios lunar y solar fue posible mediante la creación del año solar griego (de 8 años solares, que
se contaría por dos mitades para facilitar su uso, por lo que en efecto las
Olimpiadas se celebraban cada cuatro años) ya que es cada ocho años solares
(cada cien fases lunares) cuando el sol y la luna coinciden en la misma
posición. Tuvo que ser entonces cuando la luna tomó el nuevo nombre de Hécate (la Cien ).


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