Te ganarás el pan con el sudor de tu frente y
parirás con dolor son las dos primeras maldiciones con que Yahvé castigó la soberbia
humana. Que por cierto nuestro delito fue intentar discernir el bien del mal,
según la misma Biblia, probando la manzana del árbol del conocimiento (o sea,
que nuestro pecado fue tener una curiosidad intelectual?). Y para asegurarse de
que sufriéramos ambos tormentos, nos acució a padecerlos inexorablemente mediante
el hambre y el deseo. Hecho lo cual, nos arrojó del Paraíso.
Nuestros ancestros el ángel Satanás y el humano Prometeo, el primero con
su grito de rebelión non serviam!, ni
dios ni amo, y el segundo mofándose del dios Zeus, son prototipos de nuestras
rebeldías. Lo que no sabemos es si sus hazañas fueron anteriores a nuestra
culpa, y por eso nos vinieron los castigos, o si fueron posteriores a las
maldiciones para concedernos el orgullo como arma de resistencia.
Comer
sin trabajar ya lo intentamos todos aunque sólo lo consiguen algunos. En cuanto
a saciar el deseo sin tener que sufrir el parto subsiguiente no deseado, ya
inventamos las pastillas anticonceptivas. Son modos concretos de llevar a la
práctica aquellos dos gritos de rebeldía. No nos íbamos a quedar en una mera
declaración de principios, por grandilocuente que fuera.
No sé
bien si el Demiurgo estará rumiando cómo hará para vengarse de los humanos o si
ya lo hizo mandándonos con la caja de Pandora todo tipo de desgracias, entre las cuales no menor la maldición de los políticos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario