Vaya por delante mi admiración y respeto por
Felipe González y Juan Luis Cebrián, el primero merecedor (en sus primeros
tiempos) de figurar en los libros de historia de nuestra democracia por
habernos introducido en Europa y en el Estado socialdemócrata del bienestar, y
el segundo reconocido periodista por haber colaborado (en sus primeros tiempos)
en la fundación de El País y el grupo PRISA con el aplauso incluso de sus
enemigos.
Pero
ay! el tiempo devora a sus hijos que nacemos en él y deteriora sin piedad al
más pintado. Ahí tienen a esos dos, envejecidos, encorvados por el peso de su
estatus, contaminados por la elite en la que entraron no sé si a codazos o por
las puertas giratorias.
Temerosos, digo yo, de que les desplacen de sus sillones unos jóvenes
advenedizos que aseguran y gritan “Podemos!”, arremeten contra este nuevo
partido político sin medir las consecuencias que no se hicieron esperar. Pablo
Iglesias embistió como un toro contra ellos acusándolos de traidores a sí
mismos, miembros de la casta, usuarios de puertas giratorias o el uso de la cal
viva…, entre otras nimiedades. Las editoriales de El País se entregaron a una
persecución desmedida contra Podemos y sus dirigentes, insistiendo en sus
vínculos con el gobierno populista y autoritario de Venezuela, su financiación
irregular, sus faltas menores elevadas a la categoría de los mayores escándalos
del partido del gobierno, etc. etc. Por otro lado acosaron sin descanso a Pedro
Sánchez, Secretario General del PSOE proclive a negociar con la izquierda
podemita, apoyando el movimiento conservador de este partido que se inclinaba
por facilitar el gobierno de Rajoy mediante la abstención en su investidura.
Desde
hace un par de años, meses más o menos, El País inició un despeño en caída
libre y una purga digna de mejores causas que dio al traste con colaboradores
independientes como Carnicero, por presión de Rubalcaba, o de Ignacio Escolar o
Fernando Berlín, remedando el despido de Ana Pastor de Televisión. Arropados en
el IBEX 35, apuntalan su unión metiendo a Rubalcaba en el Consejo de Administración
de PRISA, se aprestan desde los medios a inmolar, si es que pueden, a Pablo
Iglesias, y se pronuncian por una abstención en la investidura de Rajoy que
facilitó el gobierno al PP defenestrando al Secretario General del PSOE por
haber sugerido una posible coalición que podría haberle dado a la izquierda el
gobierno en esta nueva legislatura.
Quién
habría podido decir que pudieran degradarse como hemos visto que han hecho.
Quién los vio y quién los ve!

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