lunes, 7 de noviembre de 2016

1301 (L 07/11/16) Sentimientos y sentimentalismos

El sentimiento sincero y profundo es pudoroso y repudia el exhibicionismo y la exageración. El sentimentalismo, por el contrario, gusta de gestos en exceso y ojos en blanco y recaba el protagonismo y la atención.
   El sentimiento es íntimo mientras que el sentimentalismo necesita de la puesta en escena propia del teatro y de la ficción. No me refiero al teatro permanente en que transcurre la vida cotidiana sino al teatro espectáculo que requiere de tramoya y bambalinas, de tiempo limitado y de guión.
   El sentimentalismo es el sentimiento sin el control de la razón. Dicen. A mí me parece más bien una expresión cursi de una emoción, una falta de pudor para exhibirse como sensible(ro/a) y afectivo/a en una torpe sobreactuación.
   Fuera de bromas, el sentimiento se oculta o se expresa con moderación mientras que el sentimentalismo hace alarde de su pretendida profundidad con gestos histriónicos en una relación inversamente proporcional al grado de cultura del sujeto que lo manifiesta.
   Hay sentimientos ambiguos como el del nacionalismo. El auto reconocimiento de pertenecer a un grupo con el que se comparte la lengua, los gustos, los paisajes, las tradiciones, la historia, el sentido del humor, la gastronomía, etc., sirve de instrumento de cohesión social. Pero se corre el riesgo de caer en el sentimentalismo. Y en todo caso puede ser un instrumento emotivo de manipulación de masas por parte de elites políticas y económicas con intereses bastardos, por más que proclamen que buscan el interés general. (Aparte de su polémica contextualización en un mundo cada vez más global, si bien éste no es incompatible con un fuerte sentimiento local.)






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