Me refiero, claro está, a la rana que hay que encontrar en la fachada de la
Universidad de Salamanca. Rana que es tanto una atracción para turistas como
prueba iniciática para estudiantes noveles que acceden a esta Universidad.
La
Universidad de Salamanca es la más antigua de España, 1218, reconocida como tal
en 1252, y la tercera más antigua de Europa (la siguen León y Palencia). La
fachada es más reciente, no de antes de 1512. Abigarrada es un término adecuado
para describirla pero tratándose de la que se trata, lo calificaremos de horror vacui.
Y ya
que va de latinajos, ahí va éste: Quod natura
non dat, Salmántica non prestat, “lo que la naturaleza no te da, la Universidad de Salamanca no te lo
garantiza”, que en román paladino significa: si eres tonto de nacimiento, no
esperes que esta Universidad de Salamanca te mejore la mollera (te haga
inteligente).
Monstruos góticos provocadores bordean el esperpento con descaro y un
humor que roza lo tétrico. Hay ranas y serpientes en el séquito del Príncipe del Mal. Con la rana sobre la
calavera se pretende mandar un
mensaje iconográfico para burlar
de esta manera a la inquisición, a saber, que la resurrección
no es posible, según afirma el
filólogo Benjamín García Hernández. La idea, heredada de un
viejo proverbio sefardí, podría haberse dejado clara si se hubiera acompañado
de un lema que jamás llegó a ser tallado por no ofender la moral de
la época y no arriesgar la vida del autor o los autores.
Unamuno
se quejaba: No es lo malo que vean la rana, sino que no vean más que la rana.



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