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| Ágora griega |
2. Huele a chamusquina...
Quizás sean alucinaciones mías. Y no tengan por tanto que ver con la realidad. Pero a mí me huele a chamusquina. Sabido por todos es la inquina que, dentro del PP, el grupo halcón de Aznar-Aguirre-Rato-Mayor Oreja (que forman grupo en la foto) sienten por los blandengues Rajoy-Gallardón-et alia. Cuando puedan intentarán segarle la hierba y ponerle zancadillas y hasta una barra de hierro entre las ruedas. Y de pronto, Rato saca pecho y grita: "el gobierno lo ha hecho muy mal" (en el caso Bankia), aprovehando este mismo comentario que nos llega desde Frankfurt (BCE) y Bruselas (UE). Incluso se atreve a pedir una auditoría sobre esta decisión que, según Rato, daña a los accionistas y a los contribuyentes. El se creía con fuerza para autorescatarse y cubrir, no sé cómo, los activos tóxicos. Pero el hecho de declarar una guerra abierta contra el gobierno (aunque la personalice contra de Guindos), mucho me sospecho que lo ha hecho en connivencia con el grupo halcón. Y si fuera así, nadie sabe cómo puede acabar esta reyerta. Ojalá me equivoque, pero si yo fuera periodista y con necesidad de labrarme un futuro profesional en el periodismo de investigación, qué queréis que os diga, investigaría esta veta, que podría ser un filón.
3. Krugman al habla

Krugman de nuevo. Esta vez para decirnos que es una falacia confundir la deuda privada con la deuda pública. Argumentan que igual que liberarnos de deudas nos aligera de cargas, en la deuda pública conviene ajustarla antes de emprender nuevas aventuras (económicas). Bueno, pues no. En la deuda privada el pago mantiene estables los recursos. Lo que se le quita al que paga se le añade al que cobra, pero en el conjunto los recursos se mantienen iguales. Mientras que en el pago de la deuda pública disminuyen los recursos del que paga, inhibe su consumo y la demanda, reduce por consiguiente sus ingresos y, como consecuencia, le cuesta cada vez más seguir pagando la deuda pendiente. Por eso se dice, y se dice bien, que en la deuda pública cuanto más se paga, más se debe. Hay que hacer ajustes, sí, y equilibrar el presupuesto, pero cuando la economía va boyante, no cuando está en recesión, pues en este caso se deprime más todavía. Entonces, se pregunta Krugman, cuál es el verdadero motivo de tanto afán en los ajustes? qué persiguen de verdad? cuáles son sus justificaciones, sean razonables o inconfesables? Pues sin duda estas dos: una, adelgazar el Estado, restringirle al mínimo cualquier actividad (sobre todo económica y no digamos social), dejar cancha libre a la economía privada. Y adelgazándolo al máximo cobra sentido su axioma de rebajar los impuestos (a los ricos). Hay que eliminar, pues, al máximo los servicios públicos. Y aprovechando "la crisis", meter mano a reformas laborales a la baja, pero no para crear empleo (como dicen, aunque no se lo creen ni ellos, pues nunca jamás ha ocurrido eso) sino para incrementar sus beneficios, y con ello distanciarse más de las clases bajas, Esto es, que abrir brecha con las clases menos favorecidas, la DESIGUALDAD económica y social, es su objetivo expreso, aunque resulte inconfesable (ver entrada 334.1 de este blog, de fecha 4/6/12). De ahí que utilicen eufemismos, todos opuestos frontalmente a la realidad, como el de que "hacen falta ajustes y recortes para crear empleo". Es Krugman quien lo afirma (y nosotros también) y remata como sigue: "La recuperación económica nunca ha sido el objetivo. La defensa de la austeridad siempre ha pretendido utilizar la crisis, nunca resolverla".


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