Procrastinar (RAE): aplazar, diferir,
posponer.
Escribe DanielMediavilla: En un artículo publicado en la revista Current Biology, un grupo de científicos liderado por Ken-Ichi Amemori, de la Universidad de Kioto, propone que es posible que el cerebro valore bien la necesidad de una acción y, aun así, impida que se inicie.
Para conocer cómo funciona el cerebro
cuando se enfrenta a una tarea que puede dar beneficios, pero que también
supone afrontar incomodidades, los investigadores trabajaron con monos, un
modelo útil porque su sistema motivacional se parece al humano. Los animales, a
los que se mantuvo sedientos fuera del experimento, se enfrentaron a dos
pruebas. En una, podían accionar dos palancas y recibir dos cantidades de agua
diferentes, midiendo así la implicación de cada circuito en la motivación.
Después, podían beber en dos condiciones: un pequeño sorbo sin tener que
enfrentarse a ninguna incomodidad o uno mayor, pero que venía acompañado de un
desagradable soplo de aire en la cara.
Como
nosotros cuando vamos a comenzar un trabajo y pensamos en la recompensa, el
mono evaluaba si valía la pena soportar este soplo de aire en la cara para
obtener esta cantidad de agua, o era mejor conformarse con el sorbo seguro. Ese
experimento permitió identificar un circuito cerebral que funciona como un
freno a la motivación: no decide si la recompensa merece la pena, sino si
merece la pena empezar. Se trata de la conexión entre el estriado ventral (EV)
y el pálido ventral (PV), que se encuentran en los ganglios basales, una parte
profunda del cerebro donde ocurren el placer o la motivación.
El grupo de Amemori ha detectado que hay dos variables
implicadas en la motivación, pero que están codificadas por sistemas neuronales
distintos. Por un lado, está el cálculo del coste-beneficio para evaluar el
peso de recompensa y castigo, y por otro la probabilidad de no querer iniciar
una acción, ambos mecanismos conservados tras millones de años de evolución
porque mantuvieron con vida a nuestros antepasados.
El
estriado ventral se activa ante la expectativa de que algo va a ser incómodo,
difícil o emocionalmente exigente, sin evaluar cuál será la recompensa final.
El pálido ventral es como un interruptor para comenzar a actuar y sostener esa
acción.
Tratamiento (prescripción): Dividir la tarea a realizar en pasos
menores.

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