Toda innovación provoca un rechazo al cambio. Ocurrió con la
rueda, con la imprenta, y supongo que hasta con el fuego. Pero con el tiempo se
acomodan y se llegan a volver imprescindibles Ahí tenéis los móviles que, en mi
caso, no podemos prescindir de ellos por más que maldigamos el día que lo
compramos. Pero como hijo de MI TIEMPO me opongo a estas novedades como tantos
hicieron con la rueda, la imprenta y
supongo que hasta el fuego.
Porque llega un
momento en que tenemos que plantarnos y decir basta! si traspasan los límites
que les marquemos, aunque no sé quienes son ni cómo podremos hacerlo. Me refiero
las redes que sólo desinforman, calumnian, mienten…, porque los valores de sinceridad,
empatía, generosidad que hasta hace cuatro días estaban ahí, aunque pocos las
cumplieran, ya no sirven, por lo visto. El summum de la ética: que un fin (por
bueno que sea) nunca justifica los medios (si son malos, perversos, los bulos
por ejemplo), se ha vuelto del revés con el mayor descaro, véanse personajes
como Trump, Netanyahu, Putin, o Aznar y Vox/PP aquí en España, más
sopotocientos que no caben en esta página.
Lo peor es la
indefensión con que los algoritmos y la IA pueden manipularnos a no ser que nos
enclaustráramos incomunicados totalmente. Y yo no quiero ser una víctima más
aunque para ello tenga que prescindir de las redes y utensilios a través de los
cuales más que recibir información lo que hago es dársela a ellos.
Aviso, pues: A quien pueda
corresponder: como “hijo de mi tiempo” (analógico), y dado el uso que se pueda hacer
de mis datos personales, mi propósito a partir de este año 2026, y demás en
adelante, es prescindir de mis cuentas en las redes sociales (desinformantes, adictivas e innecesariamente necesarias) en las que no navegaré
ni usaré para “informarme”, apagaré la tele cuando emitan las noticias, y ahora
mismo cojo el móvil y lo tiro por la vent…
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P/S: En defensa
de mi atolondrado alegato debo informar que acabo de leer NEXUS de Yuval
Noah Harari, el mismo que escribió Sapiens y otros más. Y claro...

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