lunes, 25 de agosto de 2025

2683 (L 25/8/2025) El Innombrable: delenda est memoria

 

          No tiene clase, ni encanto, ni serenidad, ni credibilidad, ni compasión, ni ingenio, ni calidez, ni sabiduría, ni sutileza, ni sensibilidad, ni autoconciencia, ni humildad, ni honor, ni gracia; todas cualidades, curiosamente, con las que el Sr. Obama fue generosamente bendecido.

      Así que, para nosotros, el marcado contraste pone de relieve de forma vergonzosa sus limitaciones. Además, nos gusta reír. Y aunque este homínido es risible, nunca ha dicho nada irónico, ingenioso o siquiera ligeramente gracioso; ni una sola vez, jamás. Ni siquiera parece entender qué es un chiste; su idea de un chiste es un comentario grosero, un insulto analfabeto, un acto de crueldad casual.
Porque es un trol. Y como todos los troles, nunca es gracioso ni se ríe; sólo alardea o se burla, sólo profiere insultos crudos y sin sentido, su mente es un simple algoritmo, casi robot, de prejuicios mezquinos y maldad instintiva. Nunca hay un substrato de ironía, complejidad, matices o profundidad. Todo es superficial, algo sin mundo interior, sin alma.
           Es como una babosa blanca. Y un matón. Eso sí, excepto cuando está entre matones; entonces, de repente, se transforma en un compinche llorón.
Golpea hacia abajo y cada golpe que lanza es por debajo del cinturón. Le gusta especialmente patear a los vulnerables o a los que no tienen voz, y los patea cuando están en el suelo.
        Así que el hecho de que una minoría significativa —quizás un tercio— de la masa electoral vea lo que hace, escuche lo que dice y luego le voten es motivo de cierta confusión que nos deja perplejos ante la complejidad de la naturaleza humana.
No hace falta ser meticuloso para detectar algunos defectos en este payaso. Es un Picasso de la mezquindad, un Shakespeare de la mierda. y sus defectos son fractales: incluso sus defectos tienen defectos, y así hasta el infinito.
        Dios sabe que siempre ha habido gente estúpida en el mundo, y también mucha gente desagradable. Pero pocas veces la estupidez ha sido tan desagradable, ni la desagradable tan estúpida.
         Si ser un imbécil fuera una serie de televisión, este sujeto sería la colección completa.

(Texto que me llega de Antonio Romero, firmado por Rhonda Schrader que cita al escritor británico Nate White, autor de esta diatriba. Si hay alguno que no sabe de quién hablamos, que levante el dedo)

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