sábado, 13 de julio de 2019

1873 (S 13/7/19) Emociones fuertes

Para los animales en general el objetivo de sus vidas es comer y reproducirse. Para el humano hay que añadir un tercero: emocionarse. Una vida humana sin emociones no tiene sentido. Buscamos la emoción en el riesgo, en los viajes, en las fiestas, en el deporte, en el sexo, en el juego, en el teatro…, y en el encierro de los sanfermines. Envejecer no es cumplir años, es no desear nuevas emociones. Emociones gratuitas, sin otro fin que ellas mismas, el de emocionarse.
Por eso salimos de Africa y llegamos a España, a Asia y a América, hasta la Patagonia; por eso intentamos dominar a la Naturaleza con la magia y después con la ciencia; por eso fantaseamos con la utopía y la inmortalidad; por eso inventamos las murallas y las guerras; por eso escalamos del modo más difícil las montañas más abruptas y nos hundimos en barrancos de donde tienen que sacarnos, vivos o muertos, en helicópteros; por eso corremos delante de los toros por la calle de la Estafeta. Porque queremos sentir la emoción en el borde del abismo y de la muerte. Queremos vivir más intensamente tras habernos enfrentado con la Parca.
        Saben del grave riesgo que corren delante de los toros en Pamplona. Pero el placer de temblar de miedo les atrapa cuando suena el chupinazo de salida. Saben que cada día hay varias cogidas y que una de ellas puede ser para él. Pero ese miedo precisamente es el que les impulsa a correr delante de los cuernos, para después del encierro sentirse vivos y saber que se han librado de la muerte. Pero no por haber visto los toros desde la barrera sino por haber sentido sus cuernos, el olor de su sudor y el ardiente calor de sus bufidos que le quemaron los pies cuando al pasar junto a él le perdonaron la vida por esta vez.
         A los que piensan que esos riesgos son inútiles y absurdos, sabed que pueden ser su motivo de vivir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario