martes, 19 de junio de 2018

1619 (M 19/6/18) Por una renta mínima básica universal

       La globalización de la economía ha normalizado conceptos aceptados a lo largo de todo el planeta. Así, no sólo en España sino con carácter general (vga.: los republicanos en USA), la derecha reaccionaria repite como un mantra dogmas tan disparatados como el de que “rebajando los impuestos a los ricos les permite realizar nuevas inversiones que generan riqueza y empleo”, lo que no ha ocurrido nunca, o tan crueles y despiadados como el de que “las ayudas públicas fomentan la pereza de los parados que, pudiendo sobrevivir con el subsidio de paro, no se esforzarán por buscar trabajo”.
      Si esto último ocurriera, sería entre la clase más menesterosa que vagabundea por las calles y duerme al raso por las noches, pero siendo una exigua minoría en el cuerpo social de ciudadanos, este argumento no debería servir de justificación para dejar desamparados a 3,5 millones de paro indefinido y a las más de un millón de familias sin ningún tipo de ingresos o a las que sobreviven por debajo del umbral de la pobreza, que en su gran mayoría sin duda intentarían mejorar su calidad de vida con ingresos procedentes de un trabajo. (Y esto sin incluir eventuales ayudas por prestación de cuidados a los familiares que por ahora nadie remunera.)
     No se trata sólo de un tema económico o de desigualdades por brechas salariales, o de incremento del consumo y consiguientemente de la producción de bienes y servicios, o de carácter social por la exclusión de clases bajas que pueden llegar a cristalizarse como castas, con  la consiguiente falta de movilidad social y obstáculo para la meritocracia, sino también por su naturaleza ética: “quién puede negar que la erradicación de la pobreza es buena?”, se pregunta Migual A.Garcia Vega.
    El tema ha inquietado desde Finlandia a Barcelona, pasando por Ontario en Canadá o Stockton en California, así como en Escocia, Kenia, Utrecht (Holanda), Reino Unido, Italia, India…, donde preparan o han puesto ya en marcha programas piloto de la renta básica.
      En el R.U. ensayan ayudas por 10.000 libras anuales a financiar con impuestos que graven las transacciones de las grandes plataformas tecnológicas.
      En Stockton (California), cuyo alcalde Michel Tubbas de 27 años es el más joven  de EE.UU y primer afroamericano que accede a ese cargo en esta ciudad, desde el próximo otoño pondrá en marcha un programa piloto que se propone ayudar con 500 $ mensuales a 100 familias durante dos años al cabo de los cuales valorarán los resultados.
  En Barcelona el proyecto-piloto B-Mincome, ya en marcha desde el pasado diciembre, ayudará a 950 familias con una ayuda de renta mínima entre 400 y 525  € mensuales por adulto (aparte de la vivienda) en los barrios de Eix Besòs. Se calcula en 7.741 € anuales la ayuda necesaria para adultos y de 1494 para menores, exentos de IRPF.
    En Andalucía la Renta Mínima de Inserción Social (Salario Social) que se aplica desde 1999, en diciembre 2017 amplió la cobertura que pasó de unas 14.700 a 45.000 unidades familiares (unas 120.000 personas), aumentándose la cuantía presupuestaria de 406,22 € mensuales a 419,52 €. El  tiempo de percepción de la RMI pasa de 6 meses a un año, no pudiéndose solicitar de nuevo hasta pasado otro año.
    En Ontario (Canadá) han lanzado un programa de 150 mills. $ en tres ciudades, para 3.000 individuos elegidos al azar de entre los más bajos ingresos. Los que vivan solos percibirán una renta de 17.000 $ anuales (11.200 €); las parejas, 24.000 $ (15.800 €).
      En Italia el Movimiento 5 Estrellas ha aprobado una dotación de 780 € por adulto y mes, obligando a los favorecidos a participar en programas de formación de empleo y voluntariado.
    En el caso de Finlandia han venido ayudando a 2.000 parados con 560 € mensuales, sin obligación de buscar empleo, desde enero 2017 a enero 2019, y el ministro de finanzas ya ha expresado su opinión negativa, diciendo que esta renta incondicional ha vuelto a la gente “pasiva”. (Habrá que leer la letra pequeña)
   Esperemos a ver cómo lo plantea este nuevo Gobierno que parece empeñado en practicar una política económica social opuesta a la neoliberal que ha venido aplicando el gobierno del PP en los últimos 6 años.

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