viernes, 1 de junio de 2018

1611.a (V 1/6/18) Se busca un líder

Adela Cortina (catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y directora de la Fundación ÉTNOR) busca líderes en Europa y lo expresa como sigue:
        ¿Faltan líderes en Europa?
      Gentes con coraje y responsabilidad por el bien común son las que hacen falta. En Europa, solo Angela Merkel y Emmanuel Macron se presentan como líderes del auténtico contenido europeo: una democracia pluralista, liberal y social.
        La primera pregunta, pregunta de manual, es si tan líder es Hitler, Stalin o Mao, como Gandhi, Luther King o Teresa de Calcuta. Si son igualmente líderes Nicolás Maduro, Marine Le Pen o Donald Trump como Angela Merkel, Emmanuel Macron o Barack Obama, por no entrar en el ámbito local. Ciertamente, capacidad de arrastre han tenido y tienen, luego líderes son, pero ¿interesa cualquier líder, o son decisivos algunos requisitos más para decantarse por él o ella?
         Los modelos de liderazgo han variado mucho desde la figura del líder carismático, capaz de seducir por su fuerza de atracción personal, a la exigencia de que sea competente y honrada. Los iluminados son peligrosos, porque tienden a emplear su capacidad de seducción para manipular las emociones en provecho propio y de su grupo, procedimiento aún más peligroso cuando las redes sociales amplían el poder de manipulación.
     Lamentablemente, en el panorama europeo solo Angela Merkel y Emmanuel Macron se presentan como líderes del auténtico contenido europeo. Los líderes que necesitamos son los que deberían reforzar y revitalizar Europa en esa dirección (socialdemocracia, liberalismo social o socialismo liberal).
   Sin embargo, el buen liderazgo necesita buenos seguidores para poder sustanciarse, una ciudadanía lúcida (que no parece ser nuestro caso donde todavía queda gente capaz de votar al PP, añado yo). Y no hay buenos vasallos sin buenos señores, venía a decir el texto del Cantar de mio Cid, pero en sociedades democráticas bien puede decirse que no hay buen liderazgo sin buena ciudadanía, tan protagonista de la cosa pública como los líderes mismos.

De acuerdo sra. Cortina, pero… con una condición: que no sea el Buba alemán quien nos dirija y adoctrine en la política económica europea.

José Antonio Gómez Yáñez, profesor de Sociología en la Universidad Carlos III, complementa lo anterior con lo que sigue:
          Política a sobresaltos

    (España ha optado por un sistema de partidos que gravitan sobre líderes burocráticos)

     Los partidos que han gobernado lo han hecho con redes de corrupción (y captura de empleos) que parasitan sus organizaciones y administraciones...y han optado por liderazgos personalistas, anulando los controles internos, es decir, con ejecutivas designadas por los líderes, sin congresos o reuniones de sus parlamentos internos, listas de candidatos compuestas por personas cooptadas por los dirigentes nacionales, regionales o locales, sin afiliados reales. El resultado es que en los partidos no hay alternativa a los líderes, ni dirigentes con ideas propias, no hay posibilidad de pedir explicaciones. O sea, la parálisis. En el caso de Podemos los afiliados fueron convocados a un plebiscito sobre la pareja dirigente cuyos resultados servirán para imponer una dirección autocrática, algo así como Perón y Evita en Argentina.
         Hay que mejorar, pues, los partidos políticos. El problema es que sus mecanismos internos se han degradado en cuatro décadas de democracia para apuntalar liderazgos burocráticos y sus séquitos. Han inventado una relación líder-afiliados que anula cualquier control real…, composición de los parlamentos internos para que no sean controlados por las direcciones. España ha optado por partidos que gravitan sobre líderes burocráticos, apuntalados por organizaciones inanes. La reforma institucional imprescindible es una ley de partidos que fije las reglas para la competitividad interna entre dirigentes con proyectos reconocibles, que permita acceder a diputados o a dirigentes con posiciones distintas a sus direcciones, apoyados por sus votos, no por cooptación.

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