viernes, 19 de enero de 2018

1480 (V 19/1/18) Tomando medidas

El Hombre de Vitruvio
Lo primero que hicieron nuestros abuelos para dominar a la Naturaleza fue medirla. Midiéndola pudimos controlarla, reducirla a unos límites, los del calendario. Y con él pudimos prever acontecimientos, augurarlos, predecirlos (las lluvias, por ejemplo, las cosechas...) lo que explica el carácter sagrado de los solsticios. No es extraño que un compañero de investigación antropológica me mirara como si estuviera loco cuando le dije que para la evolución humana el calendario fue más importante que el amor. La Afrodita amorosa no tiene mucho que ver con la necesidad reproductora para la supervivencia de nuestra especie en tiempos de nuestros primeros ancestros.
    En su dibujo El Hombre de Vitruvio Leonardo da Vinci centró en el cuerpo humano la medida de todas las cosas. Pero no nos desviemos, al tajo.
     Hoy cuantificamos casi todo, nos avisa Daniel Innerarity, cuantificamos hasta la calidad del vino, o del sistema educativo, o la popularidad de los políticos, o la calidad de vida en las ciudades… En el campo político los ciudadanos ya no interesan como personas sino por sus votos. En nuestro régimen de Omnimetría todo puede y debe ser medido pues “sin las cantidades nada se evalúa con objetividad”. Porque los números transmiten precisión, claridad, simplificación, imparcialidad, objetividad, verificabilidad, neutralidad. Hasta la valoración, que es algo que en principio tiene que ver con la calidad, se formula en términos cuantitativos.
    Las ciencias sociales, como la Sociología, la Psicología, la Antropología…, incluso la Economía, renegando de su libertad al trabajar con hipótesis más que con fórmulas matemáticas, al sentirse inseguras centíficamente por moverse en las arenas movedizas donde la libertad del ser humano lo hace a menudo impredecible, incluso las ciencias sociales fuerzan un absurdo e innecesario reduccionismo a las ciencias físicas usando números y fórmulas en lugar de conceptos que le son propios para dotarse de credibilidad o al menos darse un baño de proposición científica.
     La seguridad que dan los números falla en campos como el de las estadísticas que presume de reflejar una realidad objetiva cuando en realidad son construcciones selectivas que en parte producen esa misma realidad. Algo que Isabelle Bruno ha llamado statactivism, el activismo político inducido por las estadísticas. La ley de Campbell advierte de esa modificación de la realidad al ser medida. El psicólogo americano la formuló así: “Cuanto más se aplica un indicador cuantitativo para las decisiones sociales, tanto más se distorsionan y corrompen los procesos sociales que debería observar”. Porque no es verdad que las mediciones o los indicadores sean completamente objetivos y desinteresados. Stiglitz y otros, por ejemplo, se plantean si en el cálculo del PIB deberían incluirse la desigualdad económica y social o las cuestiones medioambientales.

[Por si nos sirve de algo recordaré que el ingenioso dios griego de las medidas, Hermes/Mercurio, el mensajero de los dioses, es también el dios de las mentiras, de los robos, los viajes, las farmacias (ved las serpientes en la punta de su caduceo), de los informadores (heraldos, hoy día informáticos, la vara como micrófono), o de las encrucijadas, incluso de la última, la que nos lleva al más allá.]

1 comentario:

  1. Buen inicio del año...
    Ha Ud. desenpolvado toda la biblioteca y las conciencias.
    Que cantidad de conocimientos ha puesto sobre la mesa.

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