martes, 17 de febrero de 2015

1047 (M 17/2/15) Ateos supersticiosos?

El esoterismo está reemplazando el vacío que dejan las religiones.       

Cada día me siento más distante de la especie humana. Amigos por lo demás dignos, inteligentes (seguro?), bien intencionados (seguro), algunos con carreras universitarias…, hasta Newton, según me dicen, utilizan el tarot, la astrología, alineando los astros para adivinar tu buena o mala suerte…, dios! qué puedo hacer yo con esta gente!?

         Ahora que podríamos liberarnos de la lacra religiosa en una sociedad que cada día se hace más laica, vienen la moda esotérica y las supersticiones a reemplazar un mal por otro peor. La moda caldea de situar a los dioses paganos en las constelaciones no se remonta más allá de los siglos IV ó V adne. El mote de caldeo significaba charlatán. Esta penosa tarea la retomaron en la Edad Media el monje benedictino Beda el Venerable y sus pupilos allá por los años 700 y sigue vigente, según todos los indicios.

        Las prácticas mágicas y sus rituales (hoy supersticiones) fueron un paso de gigante para nuestros ancestros que, por asociaciones mentales (si cuando llueve salen ranas, yo pongo ranas donde sea y obligo a llover), se atrevieron a enfrentarse con la naturaleza. Mediante el calendario podíamos prever lluvias y estaciones de siembra y de cosechas. Y prediciéndola, la controlábamos (o así lo creíamos).

        Hasta que cuatro siglos antes de nuestra era aprendimos la relación racional de causa-efecto con la que, a partir de entonces, intentamos explicar el mundo que nos rodea. Desde ese momento el recurso de la superstición y el esoterismo nos denigra y degrada a una irracionalidad tan inútil para todos como eficaz para los charlatanes que hacen de ella su agosto. Echar arroz a los novios es una tradición preciosa para, por magia de contacto, inducir a la pareja a que su semilla sea fértil. Pero no hace falta creer que por ello vayan a tener hijos, que es algo que se explicará mejor con datos biológicos y físicos.

        Un ejemplo: Cuando a partir de 1.200 adne los indoeuropeos invaden Grecia como dorios y negocian los valores de sus respectivas culturas, entre ellas el calendario solar indoeuropeo y el lunar del Mediterráneo, al adoptar los griegos el calendario solar, más eficaz, sobraba el mes 13 del calendario lunar que quedó demonizado, como ocurre con las instituciones de todas las culturas que son colonizadas. ¿Y por ser declarado funesto entonces el mes 13, el número 13, tenemos que numerar los ascensores y los edificios evitando ese número por funesto hoy todavía?

        “La tentación de explicar todo recurriendo a elementos exteriores a los que se atribuyen intenciones, voluntad, aspiraciones e incluso identidad colectiva, tiene consecuencias desastrosas (degradantes, añado yo), entre ellas la pérdida del sentido común”, es Felix Ovejero quien lo escribe. En este penoso desvarío prevalece el aspecto emocional, que es necesario para nuestro desarrollo integral, quién puede negar eso, incluso para el ejercicio cognitivo de una mente racional. Lo inaceptable es que la emoción suplante a la racionalidad cuando se trata de explicar lo que sea. El esoterismo y la superstición son un lastre denigrante que intenta cubrir el vacío de la pérdida del sentimiento religioso. Y que sirve en muchos casos para la explotación de otros más analfabetos todavía, necesitados de amor o de empleo laboral.


        Pero lo que peor llevo es que hayan ateos supersticiosos. Con el empeño tan noble y valiente que implica la capacidad crítica y de rebeldía contra las patrañas religiosas que nos han imbuido desde pequeños, que caigan luego en esa vulgaridad degradante de las prácticas mágicas y las supersticiones…, que no me casa, vaya, que no me casa. Ni lo puedo soportar.

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