A este gobierno se le llena la boca de
grandes palabras y promesas sobre la regeneración democrática al mismo tiempo
que se llena los bolsillos con todo lo que arrasan. Proclaman ser los adalides
y el modelo de la honestidad y la transparencia presentando y representando
proyectos de ley contra la corrupción, al tiempo que no hacen nada por evitarla
simplemente cesando a los múltiples delincuentes que pululan en sus filas. Puro
maquillaje y lavado de cara mientras meten sus manos pringosas en los fondos
públicos, más intensamente cuanto más cercano ven el fin de sus tropelías. El
mismo Presidente del gobierno era Presidente de su partido cuando éste no
manejaba sólo una caja B sino hasta terceras cajas, y no ya presuntamente sino
dándolo por probado el mismo juez que instruye la causa de su financiación
irregular, Y creen que el Presidente se amilana? No. Saca pecho. Porque saben que el ladrón se
justifica si al mismo tiempo ejerce de chulapo, practicando el descaro.
La
lista se hace interminable: Correa y El Bigotes, los alcaldes y diputados de la
trama madrileña de la Gürtel, los de la valenciana con su presidente Francisco
Camps al frente, el de su amigo el ex-presidente de Castellón Carlos Fabra, Iñaki
Undargarin y la Infanta su mujer, el expresidente de la CEOE Díaz-Ferrán, su
cuñado y colega Arturo Fernández, los gerentes del Partido Popular Bárcenas,
Sanchís y Álvaro Lapuerta, los cuarenta mil ladrones de los ERE de Andalucía,
el ex-ministro de Aznar Jaume Matas, el honorable Jordi Pujol y sus hijos, el
sindicalista minero asturiano Villa, el diputado y jefe de espías de Madrid
Francisco Granados, el alcalde socialista de Sabadell, el valenciano Cotino, el
orensano cacique ex–presidente de la Diputación cuyos cargos lega a su hijo, el
banquero Miguel Blesa y sus cuarenta ladrones de Caja Madrid, el ex
vicepresidente económico del Gobierno de Aznar y banquero Rato, el ex-ministro
de Aznar y ex-Secretario General del PP M Ángel Acebes… y eso por citar sólo
algunos ejemplos, porque identificar a todos significaría nombrar al Gobierno
entero, el nacional y los de las Comunidades.
Las
leyes de transparencia y de regeneración democrática son pura ciencia ficción y
literatura fantástica, y más que perseguir a los culpables lo que harán será “depurar
responsabilidades”: centrándose en los hechos orillan a los autores, tratando
las responsabilidades como si fueran ajenas a los responsables. Depurando responsabilidades
esconden a los responsables de los hechos. Con lo fácil que sería simplemente
cesar a los culpables. Y qué necesidad tenemos de nuevas leyes si de lo que se
trata es de aplicar las que están vigentes? Estas pretendidas cautelas legales
no garantizan que vaya a haber un cambio en los comportamientos delictivos de los políticos
corruptos, que son todos (todos los de la cúpula en los lugares e instituciones
en que gobiernan).
Cada
vez que se les pilla con las manos en la masa (dineraria) repiten a coro el
mantra “dejemos que la justicia haga su trabajo” para luego meter palos en las
ruedas de los tribunales, interponer recursos sin límite de gastos (con cargo a
los fondos públicos!) y dejar que el paso del tiempo corroa los procesos mediante
el silencio mediático (cómo dominan esta estrategia!), quedando siempre el último
recurso del indulto (aunque ya no se atreven a tanto). O bien intentan calmar
la indignación pública con un repetido “hemos iniciado una investigación”, algo
que ya hemos comprobado que sólo sirve para mantener impunes a los malhechores.
No
sólo son inmunes, no sólo quedan impunes, sino que ninguno de los que son
condenados ha devuelto ni un céntimo de lo robado. Eso encima.
Aunque,
todo hay que decirlo, no nos libramos de culpa los ciudadanos. Primero, por haberlos
votado en las elecciones; y luego, porque de algún modo sí que nos representan con
el arquetipo de quien se enorgullece de
haberse enriquecido por medios nada limpios: pues como dice Julio Llamazares, “mientras
que los alemanes daban a luz el romanticismo, los italianos el renacimiento,
los franceses la ilustración y los ingleses la tragedia moderna, nosotros, los
españoles, hemos aportado al mundo literario dos géneros muy nuestros: la
picaresca y el esperpento”.


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