Palabras,
palabras, palabras…
Las 5 trágalas (*) que han tenido que tragarse
este gobierno demuestra como mínimo dos cosas: una, que están cagaos patas abajo (como dicen los
argentinos) y clavados groggies en el
rincón del ring hasta que escampe, y la otra que el clamor popular, cuando
llega a la altura de la Diada catalana o del millón y medio de firmas de la ILP
sobre desahucios, les hace tambalearse como zombies y pollos sin cabeza. Démosles otro empujoncito con la
marcha de la “marea ciudadana” de hoy y “si tú estiras por aquí y yo estiro por
allá, segú que tomba, tomba, tomba, y ens
podrem alliberar”.
Nuestras armas son las palabras.
Edipo gobernó en Tebas porque entró en la ciudad interpretando el acertijo de
la esfinge, con lo cual se inauguraba la legitimación del acceso al poder por
la palabra y no por la violencia, la edad de la palabra sobre la guerra; Ulises
ganó con la palabra su disputa con Ayax, el campeón de los guerreros griegos en
Troya, sobre la adjudicación de las armas del fallecido Aquiles; Valle Inclán
nos enseñó el poder de las divinas palabras (sobre todo cuando el que las oye no
las entiende, pero esa es otra historia, psicológica) La palabra, hablada o
escrita, identifica al político y protege al ciudadano contra la violencia del
poder, del cual siempre puede como mínimo reírse.
Pero la palabra también incomunica,
por la falsedad, el eufemismo, la manipulación. Una vez más pudimos verlo en el
último debate de la Nación en la que el Gran Mentiroso dominó con su descaro a
un acongojado Rubalcaba, con menos experiencia en la lid del desparpajo.
Quedamos estupefactos al comprobar el abismo que media entre la gente de a pie
por un lado y este gobierno por el otro, endogámico y aislado de la ciudadanía,
sin idea de lo que ocurre en la calle. Palabras, palabras, palabras,
no importa mentir, se trata de hablar, bla bla bla. Bla bla.
- Pero qué bien hablan, comentó un
televidente que no se enteraba de nada de lo que oía. Será verdad lo que dicen?
- Y qué más da si es mentira?, le
contestó otro más analfabeto todavía.
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(*) la retirada
de la ley de tasas judiciales, la
entrada de la ILP sobre el desahucio
(aunque luego quede en ná), el despido
por fín! de Sepúlveda y de Bárcenas,
la obligada modificación de la arbitraria ley
de indultos (que aún está por ver), o la inclusión de los partidos
políticos en la Ley de Transparencia,
más las que consigamos con fórceps a base de multitudes en las calles (ver entrada 596 de 16 de febrero).




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