1. Representaciones
Nos inundan las representaciones. Teatrales, a cual más: la de los líderes europeos que no paran de hacer mutis por el foro; la de los candidatos a elecciones generales en plena campaña electoral, aunque éstas más que de teatro son ya de circo; la de la crisis que se retroalimenta con su continua auto-representación. Y el escenario y el atrezzo con un tufo neoliberal conservador del que no se libra ni el espectador. Ante la aproximación de las ideologías de derecha e izquierda, en su gestión a la hora de aplicarlas, y dado que la realidad económico-social ha sido secuestrada por los neo-liberales conservadores (y esos no sueltan la presa: autorregulación de los mercados, equilibrio presupuestario, etc.) cualesquiera que fueren los partidos que gobiernen tras estas elecciones tendrán que arar con esos bueyes y acarreos. Las dificultades aumentan si un gobierno hipotético socialista (por remoto que sea) tuviera que lidiar con Comunidades Autonómicas pertenecientes al partido de la oposición, que no dudarían en meter barras entre los radios de las ruedas gobernantes. Por ello, y para evitar frivolidades como las que hemos visto en las CCAA del PP, en materia de sanidad y educación, ¿por qué no incluyen el PSOE é IU en sus programas que se reviertan al Estado estas competencias? Esos serían los golpes de efecto, de teatro, que la izquierda necesita para despertar del letargo a su cuerpo electoral. Pues los recortes de gastos son recortes de derechos.
Nos inundan las representaciones. Teatrales, a cual más: la de los líderes europeos que no paran de hacer mutis por el foro; la de los candidatos a elecciones generales en plena campaña electoral, aunque éstas más que de teatro son ya de circo; la de la crisis que se retroalimenta con su continua auto-representación. Y el escenario y el atrezzo con un tufo neoliberal conservador del que no se libra ni el espectador. Ante la aproximación de las ideologías de derecha e izquierda, en su gestión a la hora de aplicarlas, y dado que la realidad económico-social ha sido secuestrada por los neo-liberales conservadores (y esos no sueltan la presa: autorregulación de los mercados, equilibrio presupuestario, etc.) cualesquiera que fueren los partidos que gobiernen tras estas elecciones tendrán que arar con esos bueyes y acarreos. Las dificultades aumentan si un gobierno hipotético socialista (por remoto que sea) tuviera que lidiar con Comunidades Autonómicas pertenecientes al partido de la oposición, que no dudarían en meter barras entre los radios de las ruedas gobernantes. Por ello, y para evitar frivolidades como las que hemos visto en las CCAA del PP, en materia de sanidad y educación, ¿por qué no incluyen el PSOE é IU en sus programas que se reviertan al Estado estas competencias? Esos serían los golpes de efecto, de teatro, que la izquierda necesita para despertar del letargo a su cuerpo electoral. Pues los recortes de gastos son recortes de derechos.
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| fósil molusco-crustáceo, Cretácico Superior, siglo XXI de la era crist. |
En este caso nos referimos a la representación política (y a la ley D'Hont). Que no les viene mal el nombre porque son un continuo show. Nos informa Joaquín Prieto. La LOREG es la Ley Orgánica que regula el sistema electoral. Con ella bastan 60.000 votos para conseguir un diputado si se trata del PPSOE pero hacen falta 300.000 si es un partido minoritario, como IU. Y prima a las provincias (Madrid tiene un diputado por cada 175.000 habitantes contra los 47.000 de Soria) y al más votado: por 4 veces ha gozado un partido de mayoría absoluta en el Congreso sin que en ningún caso alcanzara el 50% de los votos. Y encima las listas bloqueadas, como las lentejas (que si quieres las comes, y si no, las dejas; que eso es lo que hay, vamos). El PPSOE nunca ha conseguido menos del 80% de los escaños. Y en las dos últimas legislaturas han pasado del 90. Los nuevos partidos sin representación en el Congreso tienen más dificultades aún al exigírseles avales que no se les requieren a los demás. Hay libertades políticas prohibidas a la iniciativa popular: una posible reforma constitucional, un referéndum, revocación de cargos electos, presentación de recurso de inconstitucionalidad…, o la propia reforma electoral. Cuando Rajoy lanza el globo sonda de rebajar el número de diputados de 350 a 300 “para ahorrar gastos”, realmente intenta blindar aún más a los partidos mayoritarios.
(Y si añadimos la necesidad de su control directo por los votantes, su revocación del cargo si pierden la confianza del elector, la cuantificación de su sueldo y privilegios, su prohibición de presentarse si están procesados, que las dietas no sumen más del doble que los sueldos, que los sueldos no les suelden al culo de las sillas de las que no se despegan ni con aceite hirviendo, etc. etc., quién puede dudar a estas alturas de la necesidad de reformar la Ley Electoral? )
3. Sacrificar para comer
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| Jimmy! háblame, por favor... |
Insistiendo en el tema de los melindres en la ingesta, la gente de mi pueblo tiene claro que ha de matar para comer. Lo hacen tan natural que no se lo plantean, ni siquiera se percatan. A punto estuve ayer de atropellar a un gato... "Qué más te da! mátalo...", me soltó Pedro, mi vecino, quizás para que no me sintiera mal (por lo que no había llegado a ocurrir, pero bueno). Encierran a los perros en jaulas, golpean a las acémilas con una soltura y habilidad que delata mucha práctica, desuellan a los zorros en la misma carretera, y mi vecina octogenaria golpea con eficacia el pescuezo del pollo que tiene entre las manos sin interrumpir el relato en el que está. Soportan mi “corral” -garaje sin techo, con flores- reprimiendo lo que piensan: “mariquita”, pues lo suyo es el hortal, o los frutales: el trabajo de la tierra es para producir alimentos, y ya está. Al verlos tan recios me acuerdo de los urbanitas melindres (a los que pertenezco, a mi pesar), ecologistas y demás, y me resultan ridículos con sus exigencias en los alimentos. Si no quieren matar para comer, que sacrifiquen al animal sacralizándole (sacri-facere) invocando, por ejemplo, a su espíritu totémico, para no indisponerse con él, y que nos dejen en paz.


Salvo los vegetarianos, a los que respeto, pero con quienes no comparto filosofía (me encanta una chuleta y no digamos un buen jamón...), todos los que se horrorizan porque se matan animales son un poco inconsecuentes. El pollo del supermercado no fue siempre un pedazo de carne apetitosa metida en una bandeja. Antes fue un animal vivo que correteaba por ahi o vivia en una jaula. La gente del campo siempre ha sido práctica y no se encariña con los animales de comer, porque para eso los crían...Pero conozco gente que ama a sus vacas y sus cabras, animales lecheros que no se sacrifican, y que tienen nombres propios. Conocí incluso una casa en cuyo salón, ocupando un lugar central entre las fotos de los familiares, estaba la foto de Margarita, una vaca muy buena que, se ve, formaba parte de la familia..
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