…me emocionaba cuando mi padre me llevó a ver una película que se llamaba Morir en Madrid, que mostraba cómo aquella gente había defendido su ciudad, la ínclita…
…A mis 12, mi padre nos trajo a
conocerla (a Madrid). Era el invierno de 1970: en mi recuerdo lloviznaba, hacía
un frío antipático y la vida pasaba en blanco y negro: tantas personas
disfrazadas de viejas, tantas miradas en el suelo, tanto pelo abortado, tanto
humo de buses y cigarros, tanto murmullo en medio de los gritos, coño; una
ciudad que a mí —prejuicioso de mí— me seguía pareciendo derrotada...
…En 2015, casi sin querer, me instalé aquí y
aquí estoy todavía. Y a veces me impresiona pensar que Madrid sigue derrotada.
Me sucede cada vez que escucho a nuestra petulanta, la portavoz cascada de los
señores de fortuna, la señora más inverosímil, y me pregunto qué hemos hecho
para merecerla. (Y desmiento absolutamente a los desaforados que dicen que el
mejor remedio sería robarle de un salto sus lentes de contacto: que, al no
poder leer el guion que le escriben, quedaría súbitamente muda y se disolvería
en el aire. Creo que no es verdad)…
…En cada elección general las metrópolis votan más a la izquierda y el resto más a la derecha…
...Somos una de las poquisimas ciudades importantes de Occidente que nos dejamos gobernar por una derecha tonta. ¿Será que los madrileños somos más necios o más ignorantes o más algo? ¿Será que sabemos algo que todos los demás ignoran? ¿Será que, de tan ínclitos, nunca terminamos de perder aquella guerra? ¿Será que nos da igual? ¿Será que somos más necios? A ver si averiguamos cómo dejar de pasar vergüenza, dejar de ser los paletos que votamos como Perpiñán, con perdón, o Wauwatosa, Wisconsin.
https://elpais.com/opinion/2026-05-18/el-inclito-madrid.html

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