Entre nuestros ancestros primitivos los conflictos se resolvían
eligiendo cada uno de los dos grupos a un representante que se enfrentaría al representante
del adversario. Difícilmente fallecía alguno.
Más tarde pelearon los grupos enteros. Una
clara muestra de cómo debería progresar la evolución de los humanos en el arte
de resolver sus conflictos.
Hasta que llegaron
los ejércitos profesionales. Que limitaban los daños a los militares,
protegiendo a los civiles, sus hospitales, monumentos, escuelas, cuya
infracción llegó a tipificarse como crímenes de guerra, genocidios, delitos de
lesa humanidad y delitos contra los derechos humanos.
Por último, en la cúspide de nuestra
evolución, ahora se masacra a los civiles, madres, menores, enfermos, para
desanimar al enemigo, sin evitarles ninguna crueldad, más bien se premia al que
tenga las ideas más perversas y dañinas. Ejemplo: el que tuvo la idea de
asfixiar con gas a masas ingentes de seres humanos, porque no daban abasto, el
cual fue felicitado personalmente por el eximio Adolf Hitler. Las hazañas de
Netanyahu en Gaza en este proceso evolutivo son una nueva faceta donde la
destrucción integral se justifica por sí misma. Lo que está llamado a formular
la Estética de la Guerra.
Los soldados, que
sufrían la carga de los desastres de las guerras, son ahora carne de cañón que
sufren las desgracias propias de quienes son la diana de las balas enemigas para
beneficio de los que las declararon, con permiso de sus Parlamentos.


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