Perra, zorra, lagarta…, como epítetos femeninos son todos de mala catadura. Un coñazo siempre es un coñazo mientras que un tío cojonudo es un tío de ley. "Si no pasa nada, todo el mundo lo dice…” Y nosotros decimos: por eso, por eso…, porque todo el mundo lo dice.
Baby boomers, zetas y otras majaderías… que por qué digo eso? Además del rechazo total que me provocan, no tiene sentido encasillar a las generaciones. Sustituyen los cambios generacionales de los 30 a los 10 años. Pero inducen a estereotipos y a la hipersimplificación. Potencian las diferencias y no las similitudes, crean un sesgo hacia las clases altas y, finalmente, las personas cambian con el tiempo. Los zetas (nacidos entre 1997 y 2012) acusan a los boomers (nacidos entre 1945 y 1965) de su precariedad económica. Pero las etiquetas acartonan la experiencia de millones de personas muy diferentes. Habrá quienes se resistan al estereotipo pero otros se esforzarán por encajar en el molde y apuntalar su pertenencia a un grupo. Las etiquetas no responden a la sociología sino a las necesidades de marketing de fragmentar el mercado y hacer a la gente consumir según su edad, dice Karella Vázquez citando a Cohen y a Bartomeus.

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