domingo, 22 de marzo de 2020

2001 (D 22/3/2020) Lectura fácil

Premio Herralde de novela 2010 y Premio Nacional de Narrativa 2019, Lectura Fácil “confirma a Cristina Morales como la novelista más potente de su posible generación”. Ya en la entrada 1999 del pasado jueves 19 la describíamos como transgresora, gamberra, divertida, refrescante, purificadora... a lo que hoy podríamos añadir deslumbrante, genuina, combativa, visceral, desternillante…, toda una patada en el trasero de la hipocresía social que todos practicamos.
  
   Cristina Morales (Granada 1985) es Licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas, y especialista en Relaciones Internacionales. Pero ojo, no se dejen engañar por las apariencias.
       Nati, Patri, Marga y Angels son parientas, discapacitadas intelectuales, y viven en un piso tutelado. Su rebelión total no es contra su género dominado sino que surge de su sexo que se expresa sin limitación, lo que le da toda su fuerza.

      Unas breves líneas (págs. 134/141  Anagrama dicbre. 2018, décima edición de las 10 ediciones en 2019) espero que os sirvan para abrir boca:

      Tus compañeros anarquistas han echado (del grupo) a tu ligue para protegerte del deseo sexual, porque piensan que la iniciativa sexual ha sido enteramente de él. Que tú has sido seducida. Presumen que tú estás en una situación de debilidad ante el macho, que se aprovecha de ti, de que eres nueva, de que eres poco punki, de que no sabes decir que no como sistemáticamente dicen que no las feministas del ateneo…. (cuyos) carteles proclaman NO ES NO, NO ME MIRES, NO TE ME ACERQUES, NO ME TOQUES… Los anarquistas quieren protegerte porque no entienden que tú, mujer, quieras que te miren, que se te acerquen y que te toquen… Estos okupas criminalizan la pulsión sexual…  nos animan a nosotras, mujeres, a decir que no. Quieren enseñarnos a nosotras, mujeres, a emborracharnos y a fumar porros como siempre han hecho los varones. Sin embargo no quieren enseñarnos otras cosa que también han hecho siempre los varones: expresar el deseo sexual y culminarlo (a pesar de que proclaman que la emancipación del deseo sexual parte de la lucha por la emancipación de todas las opresiones.)
       Vale, ellos son disidentes sexuales del heteropatriarcado. Pero ¿es disidente sexual una tía supermaquillada y vestida como Beyoncé, una tía incluso con tetas de silicona y una liposucción practicada, que quiere que la miren, que se le acerquen y que la toquen, porque esa mujer, simple y llanamente, tiene ganas de follar, porque para ella lo mejor del mundo es follar, porque concibe el follar como fornicación, que es la tarea de poner todas nuestras potencias al servicio del placer?
       El feminismo de la negación es castrador, hace que la mujer vuelva a desempeñar, paradojas de la vida, el rol de sumisa, pues dota al que se le acerca con intenciones sexuales de un poderío fálico ante el que sólo cabe defenderse. La feminista castradora se asume a sí misma como objeto de dominación por parte de quien quiere follársela, al cual asume como sujeto dominador. Y como buena sumisa, la feminista autocastrada  halla placer en la negativa que su sádico le inflige. Piensa la feminista de la negación que es ella quien niega el falo, pero se engaña: ella lo que quiere es que el falo la niegue a ella. Ella lo que quiere es revertir los clásicos roles de la calientapollas y el pagafantas. A la autocastrada le gusta carecer de iniciativa sexual, que es algo muy pesado porque acarrea mucha creatividad, mucha responsabilidad y mucho riesgo. Negando, evita las consecuencias inesperadas que pueden derivarse del follar no premeditado, siendo la falta de premeditación lo que distingue, qué duda cabe, el buen follar del mal follar. Siendo esa falta de premeditación lo que nos acerca a la verdadera cópula desenfrenada, desenfrenada no como sinónimo de veloz sino de ilimitada.
       El feminismo negador pontifica con que decir no al follar es liberador porque entiende el acto sexual como una histórica herramienta de dominación del hombre hacia la mujer. ¿No suena esto a mística del celibato? Defienden el follar premeditado que es el follar malo. El feminismo castrador halla placer en la elección consciente y calculada de la pareja sexual, como halla placer el consumidor que en el supermercado elige un tipo de mayonesa.
       Nos acusan de que nuestra ley no es otra que la ley del deseo… y que, en virtud de esa ley (anarcoindividualista), nos pasamos a la comunidad por el forro. ¡Qué ironía! ¡A quienes proclamamos el sexo indiscriminado, a quienes queremos extender la promiscuidad de puerta en puerta, a quienes queremos acabar con la noción de pareja sexual y extender el sexo colectivo nos llaman individualistas!
     La consigna esa SI TOCAN A UNA NOS TOCAN A TODAS…, ¡ojalá esa consigna no fuera metafórica sino que al verbo “tocar” le dieran un significado literal en vez de hacer de él un eufemismo de “agredir”!

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