Premio Herralde de novela 2010 y Premio Nacional de Narrativa 2019, Lectura
Fácil “confirma a Cristina Morales como la novelista más potente de su
posible generación”. Ya en la entrada 1999 del pasado jueves 19 la describíamos
como transgresora, gamberra, divertida, refrescante, purificadora...
a lo que hoy podríamos añadir deslumbrante, genuina, combativa, visceral, desternillante…,
toda una patada en el trasero de la hipocresía social que todos practicamos.Cristina Morales (Granada 1985) es Licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas, y especialista en Relaciones Internacionales. Pero ojo, no se dejen engañar por las apariencias.
Nati, Patri, Marga y
Angels son parientas, discapacitadas intelectuales, y viven en un piso tutelado.
Su rebelión total no es contra su género dominado sino que surge de su sexo que
se expresa sin limitación, lo que le da toda su fuerza.
Unas breves líneas (págs.
134/141 Anagrama dicbre. 2018, décima edición de las 10 ediciones en 2019)
espero que os sirvan para abrir boca:
Tus compañeros anarquistas
han echado (del grupo) a tu ligue para protegerte del deseo sexual, porque
piensan que la iniciativa sexual ha sido enteramente de él. Que tú has sido
seducida. Presumen que tú estás en una situación de debilidad ante el macho,
que se aprovecha de ti, de que eres nueva, de que eres poco punki, de que no
sabes decir que no como sistemáticamente dicen que no las feministas del ateneo….
(cuyos) carteles proclaman NO ES NO, NO ME MIRES, NO TE ME ACERQUES, NO ME TOQUES…
Los anarquistas quieren protegerte porque no entienden que tú, mujer, quieras
que te miren, que se te acerquen y que te toquen… Estos okupas criminalizan la
pulsión sexual… nos animan a nosotras,
mujeres, a decir que no. Quieren enseñarnos a nosotras, mujeres, a emborracharnos
y a fumar porros como siempre han hecho los varones. Sin embargo no quieren
enseñarnos otras cosa que también han hecho siempre los varones: expresar el deseo
sexual y culminarlo (a pesar de que proclaman que la emancipación del deseo
sexual parte de la lucha por la emancipación de todas las opresiones.)
Vale, ellos son disidentes
sexuales del heteropatriarcado. Pero ¿es disidente sexual una tía
supermaquillada y vestida como Beyoncé, una tía incluso con tetas de silicona y
una liposucción practicada, que quiere que la miren, que se le acerquen y que
la toquen, porque esa mujer, simple y llanamente, tiene ganas de follar, porque
para ella lo mejor del mundo es follar, porque concibe el follar como
fornicación, que es la tarea de poner todas nuestras potencias al servicio del
placer?
El feminismo de la negación
es castrador, hace que la mujer vuelva a desempeñar, paradojas de la vida, el
rol de sumisa, pues dota al que se le acerca con intenciones sexuales de un
poderío fálico ante el que sólo cabe defenderse. La feminista castradora se asume
a sí misma como objeto de dominación por parte de quien quiere follársela, al
cual asume como sujeto dominador. Y como buena sumisa, la feminista autocastrada halla placer en la negativa que su sádico
le inflige. Piensa la feminista de la negación que es ella quien niega el falo,
pero se engaña: ella lo que quiere es que el falo la niegue a ella. Ella lo que
quiere es revertir los clásicos roles de la calientapollas y el pagafantas. A
la autocastrada le gusta carecer de iniciativa sexual, que es algo muy pesado porque
acarrea mucha creatividad, mucha responsabilidad y mucho riesgo. Negando, evita
las consecuencias inesperadas que pueden derivarse del follar no premeditado,
siendo la falta de premeditación lo que distingue, qué duda cabe, el buen
follar del mal follar. Siendo esa falta de premeditación lo que nos acerca a la
verdadera cópula desenfrenada, desenfrenada no como sinónimo de veloz sino de
ilimitada.
El feminismo negador
pontifica con que decir no al follar es liberador porque entiende el acto
sexual como una histórica herramienta de dominación del hombre hacia la mujer.
¿No suena esto a mística del celibato? Defienden el follar premeditado que es
el follar malo. El feminismo castrador halla placer en la elección consciente y
calculada de la pareja sexual, como halla placer el consumidor que en el supermercado
elige un tipo de mayonesa.
Nos acusan de que nuestra
ley no es otra que la ley del deseo… y que, en virtud de esa ley
(anarcoindividualista), nos pasamos a la comunidad por el forro. ¡Qué ironía! ¡A
quienes proclamamos el sexo indiscriminado, a quienes queremos extender la
promiscuidad de puerta en puerta, a quienes queremos acabar con la noción de
pareja sexual y extender el sexo colectivo nos llaman individualistas!
La consigna esa SI TOCAN
A UNA NOS TOCAN A TODAS…, ¡ojalá esa consigna no fuera metafórica sino que al
verbo “tocar” le dieran un significado literal en vez de hacer de él un
eufemismo de “agredir”!

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