miércoles, 9 de noviembre de 2016

1303 (X 09/11/16) Evidencias racionales irracionalmente rechazadas

Hay verdades científicas, racionales, que a pesar de su evidencia cuesta aceptarlas. Las emociones que cubrieron creencias ancestrales las enquistan y protegen contra cualquier acercamiento racional a sus contenidos.
  Y así todavía las creencias creacionistas provocan rechazo contra la demostrada evolución de las especies, la unidad del cuerpo y la mente no acaba de arrumbar el dualismo cuerpo/alma al rincón de los recuerdos, la religión sigue haciendo creer que sus liturgias no tienen nada que ver con rituales paganos superados, la igualdad de género aceptada como justa y racional choca de frente con el comportamiento real de la gente todavía, la diversidad sexual podemos entenderla y aceptarla pero no la practicamos, el racismo tan superado sigue vigente, la ciencia no acaba de dominar a las supersticiones…
  Nadie con dos dedos de frente puede rechazar la evolución de las especies humanas que, separadas de la rama del chimpancé hace 6 millones de años, nos ha configurado en la especie actual procedente del sur de Etiopía hace 150.000 años. El Homo Antecessor de Atapuerca es una especie distinta que se extinguió hace 30.000 años en su última rama como Neanderthal, por lo que su nombre induce a confusión al sugerir que descendemos de ellos. Pero las diferencias de hipótesis entre distintas teorías sobre sus fases y desarrollos no permiten deducir que la evolución de las especies se pueda seguir discutiendo todavía. Y sin embargo numerosas universidades en USA siguen aceptando el creacionismo según el cual el ser humano fue creado directamente por Dios en el año 4004 adne. según versiones recientes, y rechazando el darwinismo. O sea que, para estos fieles creyentes, la gallina fue antes que el huevo.
   La unidad del cuerpo y la mente no acaba de arrumbar el dualismo cuerpo/alma al rincón de los recuerdos, teoría ésta cartesiana que sigue rechazando la evidencia de que no nos componemos de una parte material y otra espiritual, sino que ambas nos conforman en una simbiosis psíquica donde las emociones y la racionalidad no caben una sin la otra.
    La religión sigue haciendo creer que sus liturgias no tienen nada que ver con rituales paganos superados cuando la evidencia demuestra que son colonizaciones de anteriores culturas con una superestructura artificial religiosa que aprovechaban el tirón para apropiárselas. Como ejemplo baste el solsticio de invierno, 21/25 de diciembre como fecha de nacimiento del nuevo dios sol, ahora con figura humana. O la eucaristía como ágape celestial de comida totémica.
  La diversidad sexual podemos entenderla y aceptarla pero no la practicamos, porque persiste la creencia de reprimir la sexualidad a una mera reproducción entre dos sexos netamente diferenciados. De ahí el rechazo visceral inconsciente contra la comunidad LGTB (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales.)
La igualdad de género aceptada como justa y racional choca de frente con el comportamiento real de la gente todavía, el racismo tan superado sigue vigente, la ciencia no acaba de dominar a las supersticiones…
     Es deprimente ver que incluso personas con estudios superiores se sometan a la inculta estupidez de diagnosticar e incluso vaticinar el futuro mediante prácticas astrológicas, confluencias de los astros, horóscopos, tarots, vudú… Siguen vigentes creencias esotéricas, supersticiones, que conservan las asociaciones mentales como fuente de conocimiento (si cuando llueve vemos ranas, pongamos ranas para que llueva…) en contra de convicciones que descansan en una relación racional de causa/efecto.

(P/S, sin venir a cuento: Lo cual nos ayuda también a explicarnos cómo puede haber gente todavía que vota al PP, el partido del gobierno, o a Trump y a tantos otros, como ejemplo de absurda irracionalidad. Pues como decíamos ayer, se impone la chulería, la xenofobia y la mentira, lo friqui y el esperpento.)

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