Antiwertiano donde los haya, el que subscribe, propugno y proclamo
la necesidad de recuperar el estudio de las lenguas clásicas en el colegio.
Punto. Y basta. Porque el que no lo entienda, no le va a servir de nada lo que yo
le diga; y al que lo entienda, a ése no le hace falta que yo le diga nada.
Pero
he leído una entrevista de Guillermo Altares a Paul Veyne de 86 años de edad,
del College de France, que me ha sorprendido y hecho gracia. Por lo que no
puedo evitar haceros partícipes de ella:
P. ¿Por qué a pesar de haber dedicado al latín toda su vida
considera que es mejor que los alumnos estudien inglés en vez de latín o
griego?
R. Nos obstinamos en enseñar el latín a los niños. Cuando
terminan son incapaces de articular una frase y, entre nosotros, la profesora
tampoco. Lo que tendríamos que hacer es darles dos horas a la semana, o tres,
durante las que les explicaríamos el mundo clásico y les haríamos leer a
autores como Virgilio en traducciones. Eso les mostraría un mundo totalmente
diferente del nuestro, una literatura a la que no están acostumbrados. Les
enseñaríamos no tanto el latín como la civilización grecorromana.
P. ¿Pero no correríamos el riesgo de que al final nadie sepa
traducir el latín?
R. Mi segundo proyecto era crear en Francia un instituto de
estudios de la Antigüedad. Existe una escuela de lenguas orientales en la que
se aprende el ruso, el árabe o el persa. Se trataría de una escuela de lenguas
antiguas, como una carrera, para aquellos que hayan sentido la pasión por los
clásicos. Aprenderían el latín o el griego. Cada generación contaría con 50
especialistas de la Antigüedad, que escribirían libros y serían capaces de
traducir a Virgilio y Homero.
P. ¿Qué libros de la Antigüedad recomendaría a un lector no
especializado?
R. Los clásicos pueden resultar difíciles. El Satiricón puede
leerlo todo el mundo porque habla de la vida cotidiana. Juvenal, al ser una
sátira, mostraba cómo funcionaba esa sociedad. Para mí los dos grandes
escritores romanos son Virgilio y Tácito. Tal vez Horacio, pero es muy difícil.
P. ¿Cree que las traducciones de clásicos hay que rehacerlas?
R. Sin duda, cada generación o como máximo cada dos
generaciones hay que volverlas a hacer, como en las novelas rusas, porque se
quedan viejas.
P. ¿Por qué eligió traducir la Eneida en prosa en vez de en
verso?
R. Al traducir la Eneida, lo más importante no creo que sea
respetar el verso, sino la velocidad de la lectura. No puedo leer novelas
contemporáneas, tienen demasiados detalles. La Eneida o la Ilíada van muy
rápido.

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