Película
aragonesa rodada en Aragón por director aragonés, con exteriores en las tres
provincias así como en la capital maña, financiada por toda la gama de
instituciones aragonesas y casi coproducida por los amantes de Teruel. El lugar
por donde pasean nuestros amantes es por supuesto, como no podía ser de otra
manera, el parque de Labordeta en Zaragoza. No hace falta decir que la he visto
in situ, en los cines Aragonia de Zaragoza.
El beso final tiene como fondo un Banco (que no es el Zaragozano), pero no porque lo pusieran como
decoración, el Banco ya estaba allí.
Miguel Angel Lamata dirige a un Eduardo Noriega
aceptable y a la excelente Michelle Jenner, mejor actriz en tv por “Isabel” que
prestó su voz a Hermíone de Harry Potter, secundados por Gabino Diego y Amaia
Salamanca, correctos.
Prolija en alardes retóricos, desde el
oxímoron a la metáfora pasando por el retruécano, que denotan el entorno
teatral más que cinematográfico del guionista-director, se alaaarga en diálogos
que necesitan paisajes y panorámicas que se asfixian al tener que soportar más
tiempo del conveniente a los actores parlantes, por más que lo que hablen resulte
ingenioso a veces. Pero que no resultan cercanos ni se nos meten dentro porque se
quedan flotando en sus propias palabras. En todo caso, la película mantiene la atención. Teatro
filmado, pues, más que cine donde tienen que ser las imágenes las que nos
hablen. Con excepción del acertado plano en el que la maleta, harta, estalla para
dar la respuesta al actor agobiado por la duda.
En cuanto al fondo la película promete más
de lo que se atreve a dar. Quiere poner en solfa el tabú del amor
pretendidamente eterno contra la realidad, aún no aceptada, del amor efímero
con fecha de caducidad, pero prefiere dejar el argumento en poco más que un juego
de palabras.


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