sábado, 21 de febrero de 2026

2761 (S 21/2/2026) Besos en la boca y besos de narices

Besos en la boca...
En los primitivos sacrificios humanos la ingesta de los sacrificados pudo dejar restos marcados en nuestros comportamientos actuales. Todavía en el sacrificio de la misa católica es dogma de fe que el creyente ingiere el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo. Me lo “comería a besos”, estos niños están para comérselos, puede que no sean tan sólo unas expresiones de un cariño intenso sino también un recuerdo nostálgico de la ingesta del sacrificado que nos dejó plenamente satisfechos en perfecta comunión espiritual con nuestro grupo social. Si es así, los besos en los labios serían una conjunción de dos bocas representando un comerse mutuamente…, genial, no les parece?
Antígona fue ejecutada por violar la ley de Tebas al “enterrar” a su hermano Polinices arrojando un puñado de polvo, o arena, sobre su cadáver en campo abierto. Bastó con el gesto de “enterrarlo” para que así lo fuera. Todavía hoy el miércoles de ceniza entierran a los católicos untándoles una pizca de polvo en la cabeza. Pues con los besos en la boca ocurre lo mismo, que basta con un roce de bocas para simular su ingesta, rememorando su significado.
El contacto cara a cara aparece en distintas culturas humanas, desde el frotamiento de narices en Hawái y Nueva Zelanda hasta en los inuit de Groenlandia, Alaska y Canadá…
Aquí ya no tiene mucho que ver con lo anterior que obedecería a un fortísimo impacto emocional. Los roces de nariz con nariz tienen una base y un efecto científico, y por tanto útil, entre los que lo practican. Veamos:
Selva Vargas Reátegui afirma con rotundidad que el contacto nariz con nariz, conocido popularmente como beso esquimal, se ha registrado en muchos otros mamíferos. Se dan también entre los chimpancés y los bonobos. En castores se observa entre parejas, padres e hijos y hermanos, lo que evidencia una función de reconocimiento y cohesión familiar. En los cerdos el gesto se traduce en bienestar físico y éxito reproductivo. En murciélagos, una especie social, el contacto nariz con nariz funciona como un saludo y ayuda a distinguir quién pertenece al grupo y quién no. Se han documentado encuentros inesperados en los que dos erizos, al olfatearse, terminaban tocándose las narices por accidente. Lo mismo con los gatos. Tras el contacto, ambos animales quedan inmóviles durante varios segundos, con las pupilas dilatadas y aparentemente desconectados del entorno. El intercambio químico parece tan intenso que obliga al animal a procesar la información antes de reaccionar.
La mayoría de los mamíferos se guían principalmente por el olfato. “No se fían de lo que ven, sino de la señal química que reciben”. Este tipo de contacto en especies sociales ayuda a mantener la cohesión del grupo.
Quizás los “besos” de narices entre los inuits no sean tales sino más bien un complejo de los dos anteriores, el emocional y el científico. O no?

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